aki no yo ya / tabi no otoko no / harishigoto
que traducido al inglés dice:
autumn night... / a travelling man´s / needlework
OYASUMI

La imágenes de algunos sobrevivientes del holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki, en 1945, que caminaban desorientados, con sus cuerpos destrozados, los ojos reventados y la piel cayendo a tiras provocaron una reacción de repulsión y asco en la sociedad civil superviviente. De ahí deriva el Butoh, la danza de la la oscuridad, la danza expresiva que denuncia el miedo y el horror.
El en Butoh el cuerpo habla dentro del vacío, la sutilidad y la fuerza despliegan armonía de movimientos creando atmósferas inquietantes. Los sonidos y la música acompañan para profundizar en las emociones soterradas, que afloran y producen goce visual. El cuerpo que es el arma se pinta de blanco para hablar de la desnudez, las extemidades se contorsionan, las facciones expresan muecas de dolor; la pasión es el arte, la expresividad atajada con maestría. Cada bailarín propone su imagen de la belleza dentro de la deformidad. La atmósfera que se crea provoca alarma.
Amagatsu pertenece a la segunda generación de bailarines de Butoh y funda la compañía Sankai Juku en 1975, exclusivamente masculina. En 1980 la compañía fue invitada a Europa, primero a Francia, donde sensei Amagatsu conoce a mi madre, y luego Europa y Latinoamérica donde ella les acompaña. Mientras yo, en esa época y lejos de ellos, bailo butoh en el vientre de mi mamá, ya que por lo visto, según los maestros, es ahí donde se aprende.

Ya sabes que el hospital no es un buen sitio para pasar un domingo, aunque te acompañen buenos amigos y terminéis riéndoos por las esquinas, con tu manera carecterística de reirte de todo lo cotidiano, mientras los que esperan su turno os miran mal. A mí tampoco me gusta, no te creas. Pero se que tú, en el fondo, le estás cogiendo cariño a eso de ir a urgencias, pasar allí unas horas, esperar tu turno y que te digan algo así como: "posiblemente tienes la enfermedad del beso". 



El Flautismo crece con sus perros y casas flautas, ocupaciones de mayor o menor envergadura hechas con las propias manos de uno, diseñadas cada día con materiales reciclados, asentadas sobre bases sólidas de miles de años pobladas por pueblos fenicios, romanos, cristianos, moros, moriscos, ingleses… Se da en muchos rincones del mundo, pero es el en Paraíso donde es ejemplar. En el Paraíso conviven alemanes, andaluces, hippies tranochados, bohemios que detestan el ruido y buscan la paz, lectores de cualquier incunable que caiga en sus manos, amantes de la verdadera naturaleza, creadores, pintores, constructores, agricultores, panaderos, djs, fumadores… Se fuma mucho en el Paraíso después de que Adán y Eva se dejaran llevar por los animales rastreros y ya no fueran tan simpáticos a los ojos de dios. Pero es una manera de ocio menos dañina que el acoso laboral, el robo descarado, la envidia o la avaricia. Los flautistas que viven en el Paraíso no solo fuman, también divisan las aguas cristalinas y los barcos de moros que se esconden en el tiempo tras las rocas, en espera de atacar a algún barco español repleto de monedas para los Reyes Católicos. En esta corriente y actitud no se participa en actos vandálicos. Solo en actos solidarios. Si un barco vara en la orilla entonces los habitantes del Paraíso, donde la desnudez es síntoma de sanidad vital, corren a ayudar al capitán. No cesan en el empeño hasta que no lo consiguen.
Pero como en todas las corrientes políticas y filosóficas no todos los que conforman el grupo actúan con excelente integridad. Unos pocos dejan que desear. Aunque bien sabemos que eso poco importa si esa falta de excelencia no se traduce más que en dejadez. Se trabaja por el bien de la comunidad y no se caben los actos vandálicos. Se vive el día a día con verdadera fruición y contemplación de la naturaleza. Pocos lugares como estos existen, donde el capitalismo casi no haya hecho mella, es más, se le relega al lugar donde tiene que estar: a las cloacas de los cagones de fines de semana. Y ahí si que huele mal.
Creo que sin sentirme de aquí ni de allí, sin ser esto o lo otro, reconozco que aquello regala mayores satisfacciones. El Flautismo, como fórmula de escape de la atrocidad, es casi perfecto para creer de nuevo en el concepto de comunidad sin aberraciones, comunidad sin negación de uno mismo, comunidad intregradora y no desintegradora. En resumen, el Flautismo viene a decir: la naturaleza ofrece bienes a cambio de respeto. Y respetando la naturaleza nos estamos respetando a nosotros mismos, ya que nosotros, en conjunto, no somos más que parte de ella.