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lunes, 14 de marzo de 2011

TIERRA, AIRE, AGUA Y FUEGO: JAPÓN

Los cuatro elementos de la naturaleza, esenciales para la existencia humana, son los que amenazan fuertemente con la devastación de un territorio tocado, a lo largo de su historia, por terremotos, radiación nuclear, tsunamis y calentamiento global. La isla nippona, casi 130 millones de habitantes, 3 veces la población de España, mitad de territorio, está educada desde la infancia para entender y soportar los movimientos y amenazas de la tierra. Si embargo cuando varios elementos confluyen la destrucción es lo primero que llega.  He recorrido los senderos de parte del territorio desolado por el tsunami del 11 de marzo. Fecha siempre difícil de querer desde aquí, 11 de marzo es una fecha que se recuerda en Madrid con angustia, 11 de septiembre fecha que se recuerda en Estados Unidos con rabia. He recorrido con mis waraji, las zapatillas de esparto que utilizaba Basho, partes del camino para saber qué pudo sentir él en el siglo XVII recorriendo esa zona a pie. Zona y población que ya casi no existen, claro, puesto que la población japonesa vive en las costas del territorio, a pocos metros del agua del mar, como reclamo isleño para decir 'el mundo es vasto y nosotros tenemos el perdón de nuestros kami'. Los kami japoneses shintoistas, budistas zen, confucianos y un poco cristianos, aunque poco, conviven en el espíritu japonés como parte del escenario: son montañas, ríos, mares, estrellas, piedras... Son los elementos naturales personificados. Algunos hoy, todavía se preguntan: ¿por qué los dioses nos castigan? Sociedad sufridora, hasta sus últimas consecuencias, siempre les he admirado en eso. Son, de verdad, un pueblo unido. Se comportan civilizadamente y, aun en momentos tan tremendamente duros como las bombas de Hiroshima y Nagasaki o los grandes terremotos que han asolado parte del territorio japonés, se sienten unidos. Su dolor no se expresa con aspavientos, ni odio hacia algo que está por encima de ellos. Ante la naturaleza, como dice una amiga japonesa, poco podemos hacer más que tratar de que todo vuelva a la normalidad. He conocido a gente en Sendai amable y humilde, gente maravillosa con la que he hablado de la naturaleza y la vida. He escrito textos en Sendai y observado el paisaje que ya no existe. Claro que siento un gran pesar, enorme, un dolor demasiado humano. Luego pienso en los problemas nucleares, la que se está liando en los países europeos sobre la temática abordada, y siempre dejada de lado, nuclear. El índice Nikkei por los suelos. Por supuesto si Japón no puede competir en la liga A porque se ha hecho un esguince del que va a tardar en recuperarse, mejor dejarle fuera de combate. Me llegan informaciones o comentarios o simplemente cotilleos varios que apuntan, algunos, a una máquina muy potente que tienen los americanos para crear terremotos. Es estremecedor leerlo y de poco fiar. Pero ciertamente la CIA, vieja empresa con intereses internacionales, lleva mil años luz a la población civil. Por supuesto no creo que tengan demasiado que ver en esto (aunque sí posiblemente en otros territorios), indirectamente el Daijishin afecta a empresas americanas. Pero ¿no da miedo? ¿No es estremecedor que el hombre, algunos hombres, perdón, tengan la capacidad y el poder de decisión para llevar a cabo determinadas acciones que tanto terror nos provocan? Agradezco enormemente a todos los países que están ayudando a la sociedad japonesa. Debemos enviar pilas, velas y todo aquello que ayude a los desplazados a tener electricidad y luz.  Creo que esto está teniendo y tendrá grandes consecuencias en la economía mundial. La tercera potencia económica del mundo fuera de juego. En Europa y América frotándose las manos para vender los coches que no podrán fabricar Toyota y Honda hasta dentro de unas semanas. Las aseguradoras arruinadas (después de la banca financiera); las constructoras y ahora, la guerra más vieja que el cinismo armamentístico: el petróleo. Los mayas decían que el 2012 el mundo desaparecería, ellos y muchos otros. Por supuesto estamos viviendo una época de grandes inestabilidades, de todo tipo, y eso unido a la pérdida de norte que todos sufrimos gracias a los sistemas que nos obligan a ser máquinas de producir y consumir, nos llevan al vacío existencial tan predicado por los filósofos de todos los tiempos. Esto no es nada nuevo. Algunos auguran una revolución más radical que la francesa, otros el fin del estado del bienestar, otros la necesidad de eliminar parte de la creciente población por falta de recursos, otros a la necesidad de implementar cuanto antes las energías renovables... Y mientras los debates siguen, los japoneses vivos creen que los kami les han castigado (esta vez no se por qué) y algunos estados envían ayuda humanitaria a la isla, y en Europa se habla del futuro de Gadafi, o sea, del petróleo, las clases medias seguimos viviendo anonadados, dejándonos golpear por todos los costados, sin poder opinar, explotados a base de impuestos y amenazas de más impuestos. De verdad, quien nos vendió esto de que la vida está bien ¿fue un rico, un aristócrata, un príncipe? Ummmmmmmm. El engranaje de este mundo es cada vez más absurdo, no más sofisticado, aunque algunos lo crean. La relación calidad-precio es una mera especulación y todos sabemos quienes son los especuladores. Los elementos de la naturaleza serán los que acaben con ellos. Por supuesto, nosotros ya hace tiempo que estamos muertos. 

sábado, 12 de marzo de 2011

TSUNAMI NUCLEAR EN JAPÓN

Hace semanas que se vaticinaba la muerte de los blogs, que digo semanas, meses. Los que llegaron no hace mucho al mundo blog (y cuando se habla de mucho uno se refiere a trimestres o semestres, nunca más de un año) siguen utilizándolo como medio de expresión, o como herramienta de trabajo y/o propaganda política, pero ya queda poca autenticidad en los blogs. Nos cansamos de todo: la rápida fluidez de la información, la desidia generacional, lo que sugiere Tao Lin, el escritor de 24 años que decide subastar en eBay los derechos de su primera novela, en su twitter: "Siento que solo quiero transmitir 'no lo sé' y 'no tengo nada que decirte'. Facebook, twitter y flirck han sustituido entre los menores de 45 o lo mayores de esa edad que quieren llegar a ese público, a los ya aparatosos blogs, que obligan a dedicarles el tiempo necesario para analizar algo con cierta profundidad. Pero ¿acaso nos importa la profundidad de las cosas? Curiosamente aparte de lo que ocurre en el ciberespacio, que no es poco, aunque poco profundo, el espacio real en el que cohabitamos, del que respiramos oxígeno y bebemos agua, necesarios para la permanencia, nos alarma de su razón de ser. 'Estoy vivo', dice.  Soy más importante que cualquiera de las pequeñeces que tratáis en vuestro mundo: petróleo, economía, tecnología. Una vida no vale nada, vale un segundo, dos minutos, un parpadeo de elefante. ¡Qué más da! Entonces nos damos cuenta de que la información no existe, que todo está cortado y medido por raseros humanos, subjetivos, y que la realidad fragmentada que nos llega no significa nada más que 'no lo sé' y 'no tengo nada que decirte'. Un tsunami de olas de 10 metros de longitud, consecuencia de un maremoto provocado por un terremoto, un simple movimiento de tierra, que cansada de su postura decide mover un poco el esqueleto. Ha sido Japón, aunque podía haber sido otro lugar candidato como Chile, Alaska o Sumatra. Claro que Japón está en los top five, ¡cómo no iba a estarlo! La isla no es más que la hija de esa falla, su consecuencia natural. El vaticinio de la muerte de los blogs y el cambio del IPv4 al IPv6 porque ya no queda más espacio cibernético suena a paralelismo mediático con la muerte de parte de la humanidad porque ya no hay más recursos para mantenerla. Oh, sí, llegaremos a 7.000 millones (o no). Se habla de guerras constantemente (nunca ha dejado de haber guerras: ni entre familias, ni vecinos, ni pueblos...) como medida preventiva para conseguir territorios, marcar autoridad, y por supuesto, para hacer negocio. Vender armas es tan lícito como vender carbón, diamantes, petróleo, uranio, oro... Y tantas cosas más, como vender el alma al diablo. Aparentemente el coste de las víctimas que surgen de estos negocios de minerales no supera el coste de los beneficios que generan, así que la balanza siempre sale en positivo. Ahora bien: un terremoto como el de Japón libera 60 veces más energía que la bomba que lanzaron los americanos en Hiroshima, en 1945. Así que un desastre natural consigue en unos minutos que la balanza de las víctimas se traduzca en números negativos. Obviamente un desastre natural de estas características, con la amenaza en el aire de las fugas de la central nuclear de Fukushima, crea y creará tantas víctimas que hasta dentro de años no se sabrá la cifra real, con un margen mínimo de error. Mi pregunta es: siendo esto así, como todos vemos a través de los medios de información y propaganda, según el país desde el que se mire y el negociado económico que haya con el país tocado y hundido, ¿para qué se necesitan guerras? ¿para qué se necesitan crear armas de destrucción masiva? ¿para qué protegerse del prójimo cuando es la ira de la madre naturaleza lo que hay que contener con cariño? No hay enemigo humano que se precie pues las vidas de todos, absolutamente de todos, tienen el mismo valor, y ese valor es el que nosotros, todos, consigamos que tenga. Hacer guerras a medida para vender armas (caso de Libia y muchos otros países a lo largo de la historia de la humanidad); dejar que mueran los pobres, los rebeldes, los insumisos y aquellos que no decoran con la imagen de su persona los medios que todo lo devoran y que  la mayoría de las veces 'no tienen nada que decirnos', debería de ser un delito tipificado por la ley. Aunar nuestras fuerzas para solventar las catástrofes naturales, prevenirlas y ser efectivamente humanitarios es lo que deberían enseñarnos en las escuelas, los colegios y las universidades del mundo. Pero en algunos países no nos enseñan eso. La hipocresía de la realpolitik y la weltpolitik se ve ensombrecida como base práctica por sucesos inabarcables. Por supuesto que algunos pensarán que tienen que ver las churras con las merinas: pues señores 'no lo se', 'no tengo nada que decirles', creo que ya he dicho suficiente. Nada permanece, todo sucede a la velocidad del vértigo y Maquiavelo, oh señor de las penumbras, ha conseguido iluminar a los señores de las fotos que poco más saben de la política, de la vida y de la historia (por mucho que hayan leído, pues todavía no entienden que la realidad está tan fragmentada, que cualquier parecido con el 'tsunami nuclear' en Japón no es mera coincidencia, es simplemente una consecuencia natural).