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viernes, 13 de marzo de 2009

HUEVOS PODRIDOS

Tomé un café en un garito alternativo con Felipe. El lugar estaba plagado de funcionarios. Me comentaba -bajando tanto la voz que me resultaba difícil comprenderle con nitidez- que estaba ofendido porque la vecina de enfrente le había tirado unos huevos en la puerta de casa. Se arrepentía del día que llegó con un informe rápido y sacando las cifras al vuelo y me lo había dado en la mano:
- Publícalo en tu blog, se lo he pasado a varios medios de comunicación y todos lo han rechazado.
- Por supuesto, es un informe breve, malo y poco contrastado.
Eso había sucedido tiempo atrás. Pero ahora pagaba las consecuencias. Su vecina, funcionaria de pro donde las haya, le había bombardeado con huevos podridos y había escrito con boli, como si la madera pudiera estropearse con tinta azul, la siguiente frase demoledora:
-Reaccionario de mierda. Empresario patético. Que sepas que si no hubiera funcionarios no habría consumo, ahora que está todo el pescao vendido. ¿Ibas tú a sustentar el país?
Felipe seguía susurrando entre sorbos de café, tras sus gafas ahumadas, para no ser reconocido -y eso que era un donadie-. Seguía convencido de lo que decía, pese a lo ¿bien? que funcionaba el sistema administrativo de los franceses o los americanos, pero en su país no le convencía el uso y el abuso de unos ejemplares únicos. Claro que puestos a analizar:
- ¿De quien era la culpa?
Su amigo Leandro justificaba la necesidad del funcionariado, en la educación, la sanidad... Of course, of course, repetía Felipe con su acento de inglés de barrio bajo. A mi no me importa que haya lo que tiene que haber, pero de calidad ¿eh? Y sino miren y vean el panorama del españolito. La queja incipiente y rastrera de "la culpa siempre es del otro" y esto no funciona "porque aquí el que no roba, vuela", etc. etc. Felipe seguía relatandome un discurso cadudo y aburrido. Yo, con cierto estímulo escondido bajo la solapa de mi gabardina, sonreía cínicamente pensando en los huevos podridos, la frase de la vecina, y sobre todo el careto asimétrico de Felipe viendose acosado por funcionarios enaltecidos y orgullosos de su especie. Qué bonita y sencilla es la vida.
Los funcionarios, en su hora del aperitivo, tomaban una cerveza rápida, la mayoría sin, y salían pitando a sus puestos de trabajo. Se acabaron las quejas en este sector. "Da gracias a que tienes un trabajo, no importa si estampas sellos en cuartillas con membrete oficial o si sabes que todos tus jefes son corruptos... Suceda lo que suceda te callas". Felipe les miraba atravesado.
- ¿Por qué, con lo grande -relativamente- que es esta ciudad hemos tenido que venir aquí, si está lleno de tipos que me quieren cortar las orejas por mis opiniones?
Le respondo amablemente que se termine el café que sino se le enfría.
-No te preocupes, Felipe. Los bares están llenos de jóvenes que viven en casa de sus padres y de funcionarios que tienen sueldos a final de mes. No es que yo te haya traído, es que no hay mucho más por esto lares. Los tipos como tú, empresarios de clase media, ya no tienen ni para sonarse los mocos porque el balance de gastos e ingresos no existe, porque la administración y los clientes no pagan, porque los que roban y vivían en esta jungla están todos en el punto de mira -menos mal, y lo que queda- y porque aquí es mejor tirar balones fuera que aceptar que se es incapaz de meter un solo gol. La elegancia, la disciplina y el savoir faire distan mucho de lo eres y lo que te rodea, Felipe.
Se levantó tras su último sorbo de un café ya frío y con posos amargos. Se alzó las gafas y me miró sin parpadear, paladeando cada tonillo odioso de su entonación de hombre mediocre:
- Que sepas que respeto todo lo que dices. En parte lo comprendo, aunque no lo acepte. Pero que lo que peor llevo de todo es saber que el único amigo que tengo -dicho sea de paso- seas tú: un simple funcionario.
Le corregí sus palabras:
-Sencillo. Un funcionario sencillo. Humilde, si cabe.
Pagué la cuenta y me fui. Ahí dejé a Felipe, de pie, mirando al infinito, pensando en la crueldad de las oposiciones, los libros, las letras, los exámenes, la competición, el club de soldados grises de pelo rasurado, las paredes, el papel convertido en dinero. Lucio. Lucio. Planchas para hacer dinero. ¡Qué perdido estaba! Aquel verano del 89, mientras Felipe movía sus caderas ajustándose al movimiento de las extranjeras en las playas del sur, yo me mordía las uñas empollándome el sistema de la administración del estado español. Y confieso: no fue nada agradable.

martes, 17 de febrero de 2009

FUNCIONARIOS EN NÚMEROS


Me llamo Felipe y soy un trabajador de una empresa privada que se dedica a actividades culturales. Encuentro en internet unas cifras interesantes que quiero compartir con ustedes. No están ajustadas con décimas pero se acercan bastante a la realidad de la población española. Me pregunto, a raíz de estas cifras y de lo que me está tocando vivir, quién está soportando los millones de habitantes de deambulan por las ciudades: los que comen, los que cagan y mean, los que lloran, los que no pueden llorar, los que se quejan y los que roban... No me sorprenden los recortes del Gobierno en todos los ministerios, y sobre todo en cultura. Siempre que hay recortes empiezan por cultura ¿será que la cultura no importa? ¿Será que en tiempos de crisis la gente tiene, todavía, menos libertad para pensar y ser crítica y/o creativa? Es increíble cómo está el país. Cómo está el mundo. Cómo está el público. Cómo medio planeta vivía feliz consumiendo mientras el otro medio se consumía. Creo que es el mejor momento de apoyar lo que todos sabemos que está pasando: la nueva reinventación del siglo XXI. Espero que España, a pesar de los números, pueda aportar algo. Estaría bien recortar en funcionarios del Estado. No es por nada, pero señores del gobierno ¿ustedes han analizado cómo funcionan los demás países y la relación de población activa con el número de fucionarios? Los funcionarios no crean trabajo, sino que engrosan una partida de un enorme gasto de hombres paja de ventanillas. Empezó en la construcción, le tocó de lleno a los bancos, ahora creo que es tiempo de mirarse el ombligo. Hay determinados nucleos sociales reciclables. ¿O no?

NÚMERO DE HABITANTES EN ESPAÑA 38.000.000

AMAS DE CASA, JUBILADOS Y NIÑOS 20.000.000 (supongamos de algunas amas de casa tienen sus trabajos de media jornada y cobran en dinero negro).
ENFERMOS E IMPEDIDOS 600.000
EJÉRCITO, POLICÍA Y GUARDIA CIVIL 3.700.000
OBISPOS, CURAS, MONJAS, SECTAS 1.700.000
FUNCIONARIOS DEL ESTADO 6.300.000
PARADOS 3.000.000

TOTAL 35.300.000

RESTO 2.700.000 (entre los que se incluyen jefes de las empresas privadas y artistas y otros buitres de poca monta). Los jefes invierten lo que ganan en entidades financieras y se dejan timar por los bancos y los grandes inversores (léase los Maddoff de turno). Los artistas esconden su dinero en paraísos fiscales y algunos pocos lo invierten creando trabajo, nuevas empresas privadas o pymes, para seguir rentabilizando su dinero. Y el resto son trabajadores que no pueden hacer ni lo uno ni lo otro (no estoy seguro de qué harían si pudieran... Es tan obvio que vivimos a la sombra del sistema caciquil de antaño...) Digámoslo así: Más o menos 2.000.000 personas, repartidas por toda España, de clase media y que trabajan (trabajamos) en la empresa privada, soportan al resto del país. ¿Estamos todos locos o qué? ¿Para qué necesitamos funcionarios si se cierran las empresas? Ya puestos, ahora que la rapiña va a dar que hablar, reconviértalos en policía y creen, como les gustaría a algunos, un estado del miedo... Mientras eso sucede, que salgan a las calles a cuidar de la poca población activa que hay, o limpiar las calles de basura, porque en los Ministerios -ahora que se recortan todos los presupuestos a su máxima expresión- y en las entidades públicas, están de monigotes. Por lo menos esa es la sensación que he tenido toda mi vida, pero en estos momentos que la cuerda está un poco más tensa, se ve claramente que el sistema funcionarial que lleva engordado años no funciona. Eso sin entrar en detalle en otros sectores que se dejan ver menos... Yo que vivo en un país católico y apostólico y mis padres me bautizaron poco puedo decir, independientemente de que haya pensado en apostatar alguna que otra vez, con las complicaciones que eso conlleva. Eso sí, como ciudadano de clase media que trabaja en la empresa privada me molesta pagar con mis impuestos las imperfecciones de un sistema caduco, más todavía, si cabe, que la operación de la nariz de la princesa. Así que por favor, si no quieren que los que soportamos el sistema, nos vayamos a pique, hagan algo aparte de sacarse fotos en los periódicos y sonreir con el cinismo que caracteriza al retrato español. Yo, Felipe, se lo agradezco de antemano.