domingo, 20 de junio de 2010

SHODO TO SUMI E

Del camino de la escritura, Shodo, practicando hiragana, katakana y kanjis durante semanas, he empezado a entender el amor por "Los Cuatro tesoros del estudio" que son: el papel -de arroz o de pulpa de bambú-; la barra de tinta -hecha de hollín de materiales como el pino quemado o el negro de humo que una vez mezclado con agua nos da una textura de tinta líquida más o menos espesa (gradación de tonos negros y grises)-; el pincel -de oveja, lobo, tejón o mixtos...-; y el tintero -de piedra dura y porosa donde se fabrica la tinta. Este arte milenario que lleva todo un proceso riguroso para emprezar a imprimir sobre un papel de arroz o pulpa de bambú (generalmente A4) ideogramas o kanas lleva consigo una actitud, un saber estar frente al tiempo, al espacio, al equilibrio, a la meditación. Uno no busca esa actitud, uno poco a poco se va encontrando con ella pues tiene una especie de retroalimentación con la práctica de la escritura en sí. Para llegar a ser maestro de Shodo se necesita tiempo y dedicación, una práctica constante, un acercamiento al arte de la caligrafía que aquí, debido al alfabeto, poco se practica (cada vez menos gracias a los teclados de los ordenadores) y poco se cuida.
Mi bisabuelo español era un maestro que tenía una caligrafía de moda en los inicios del siglo XX, una letra de una legibilidad excelsa, redonda y con ciertas florituras en las terminaciones, algo que heredaron algunos de sus hijos y que éstos, a su vez, trataron de transmitirme cuando ya el estilo de la caligrafía cambiaba al ritmo del crecimiento personal y la tecnología. ¡Cómo hacer una caligrafía magnánima cogiendo apuntes a toda velocidad en la Universidad! No parece muy práctico ni fácil. Sin embargo el Shodo sí te obliga a ese tiempo de reflexión, del detalle, del comprender el ideograma en un determinado espacio, de encontrar un equilibrio y reflexión sobre el mismo en el simple trazo. Cuando uno practica Shodo la mente se ocupa en la ejecución de la pincelada, el fluir de la tinta. El olor de la misma penetra por la nariz y se adhiere al cerebro, como si de una adicción más se tratata, y entonces uno desea casi convertirse en tinta, pincel, dejar deslizar la mano, ponerse de pie (mejor que sentado) y expresar a través de la mano rasgos, formas, movimientos...



Y es así como uno, casi sin buscarlo, llega al Sumi e, pintura a tinta china, donde se celebra expresar el espacio, la profundidad de campo, la armonía en la composición de un dibujo relacionado preferentemente con la naturaleza. Supongo que el Sumi e es un paso más avanzado que la caligrafía pues para lograr un buen dibujo también se necesitan conocer muchas más técnicas a la hora de relacionarse con el pincel y la tinta. A medida que me adentre en el maravilloso mundo del Sumi e (ayer hice varios ejercicios de hojas de bambú) imagino que descubriré una relación más comprometida como para poder hablar con soltura de ello. ¡Hasta ver estas obras realizadas en tinta china es un arte en sí mismo!, relaja la vista y exalta las emociones primarias, esas que nos acercan a nuestra naturaleza más remota y gracias a las que somos los que somos y quienes somos. Si hubiera más arte y menos guerra las relaciones humanas ganarían en empatía, calidad e igualdad. Aunque fue también un chino, Sun Zi, el que tuvo la feliz idea de escribir una obra conocida como El arte de la guerra, por la época imagino que lo hizo con tinta y pincel. Llegados a este punto, poco más puedo decir más que disfrutar de la elegancia del arte te permite olvidar el eterno conflicto del ser, aunque solo sea temporal.

viernes, 18 de junio de 2010

SAYONARA, SARAMAGO

Al día siguiente no murió nadie. Así arranca Las intermitencias de la muerte de José Saramago, Premio Nobel de Literatura, 1998. Hombre lúcido que nos deja hoy para soñar con su amada en el silencio; su amada lengua, su amada idea del mundo, su querida ilusión rota, su amada sabiduría cansada y agotada de tanto despilfarro e ignorancia.
Ahora los títulos de Saramago volverán a ocupar los escaparates de las librerías y su señora Pilar mantendrá vivo su nombre: sería todo un detalle si tan solo pudiera orientar la fundación para la formación de jóvenes escritores...
Conocí a Saramago en Barcelona y de él solo me queda el recuerdo físico de un beso y el anímico de sus textos penetrantes. Cuando todo le llegó de repente con el Nobel, entonces tuvo unos años de locura infernal, viajes, conferencias, portadas de periódicos y revistas culturales, hasta que le llevaron a una isla para acabar mirando al mar, apagándose en una época agónica, sin fuerzas para ver más. Seguir la vida de Saramago desde el 22 es entender la atrocidad del nacimiento y el crecimiento del neoliberalismo, pues él ya veía hacía tiempo el lugar al que nos llevaba el bombazo económico-financiero y todas sus consecuencias. Murió plácidamente, dicen, espero que soñando con todo aquello que verdaderamente quería, la juventud, la justicia, la verdad. Poco a poco los Saramagos se van y nos dejan un camino labrado sin semillas para plantar. Me pregunto si al final decidió hablar con el Otro, o simplemente se tiró al mar, de cabeza, y buceó rejuvenenciendo a medida que llegaba a asir las sonrisas de las sirenas. Me gusta preguntarme cosas sin respuesta, mejor así. La mayoría de las respuestas que me dan son mentira.

Para más información sobre Saramago:

http://issuu.com/acescritores/docs/r100optimizado

Número especial dedicado a Saramago de República de las Letras, la revista literaria de ACE.

sábado, 12 de junio de 2010

MI ABUELO


A las 5 de la tarde caían chuzos sobre el pavimento de la ciudad. Los que no se habían recogido bajo los alerones de los edificios de tres plantas nadaban avenida abajo para desembocar en el río prohibido. Ahí, en estado de descomposición, se exponían los cuerpos asesinados de cientos de campesinos que tenían sus tierras cerca de las plantaciones de los narcos. Parecía un desfile de la moda de los muertos. Los que caían al río como en estado de gracia gritaban de pavor augurando un final inesperado. Dichosa lluvia torrencial, metereología divina que capa voluntades y sueños. Claro que, no se podía esperar otra cosa en el trópico.
Mi abuelo, pequeño agricultor, había ido de compras a la ciudad cuando tocaba la hora del baño no deseado, limpieza de inmundicias y aseo necesario para poder respirar por sus calles. Nunca hacía caso de los avisos televisados ni radiofónicos: "Por favor, no salgan de sus casas a partir de las 5 de la tarde". Siempre sospechaba que había que hacer lo contrario de lo que proponían los noticias. Él fue uno de los llegó al río prohibido sin pagar billete de ida, con los pantalones roídos por el roce con el suelo, y los condos sangrientos. Sin embargo no sentía dolor.
Algunos ciudadanos se quedaban agarrados de las farolas, los bancos, y alguna qué otra rueda de coche, tratando de no caer y perderse en el río del olvido. Incluso otros trataban de ayudar a los que acelerados con el descenso pedían ayuda. Mi abuelo nunca fue de esos. Él descendía en posición de sentado, frenando la fuerza del agua con la suela de las botas de goma, el culo y los codos. No gritaba, tan solo observaba las consecuencias de una lluvia inesperada. Ya no se oían tiros desde las montañas, solo gotas y regueros, gritos y sollozos. Cuando desembocó en el río un cadáver frenó su llegada e hizo de barco para él, ya que mi abuelo nunca aprendió a nadar. Le habían contado, había oído, incluso había visto en fotos..., pero la realidad siempre era más sórdida. Sujeto al cadáver navegaba río abajo junto con otros barqueros de su misma clase social, que se miraban en silencio, hermanándose ante la injusticia de su condición. Y sin embargo todos sabían que poco podían hacer en ese momento, rodeados de cadáveres, desbordados por la corriente opresiva del río, llevados a una velocidad de vértigo, en unas barcas sin frenos, gasolina ni timones. Barcos muertos, agujereados, por los que entraba el agua y eran proclives al hundimiento. Entonces mi abuelo, llevando la contraria hasta la misma corriente, se valió de los huesos de sus brazos, para subirse encima del barco muerto que le llevaba a un lugar desconocido. Cuando lo consiguió trató de agarrar a otro campesino que miraba aterido hacia la muerte, y le empujó con fuerza para que se subiera sobre su muerto. Y así hizo con varios, hasta conseguir un desfile de moda de canoas, con remeros fuertes y apuestos encima. Entonces mi abuelo agarró la mano con fuerza de los dos que tenía a su lado y les pidió que hicieran lo mismo, creando una cadena de remeros, unidos en horizontal, montados sobre sus cadáveres, hasta que los dos de los que estaban en las orillas del río consiguieron asirse a unos troncos de árboles en plena floración. Así, entre todos, crearon una presa, un parapeto, donde desembocaban muertos y vivos y los vivos subían encima de los muertos, caminaban sobre ellos, hasta llegar a las orillas y agarrarse a los árboles que llevaban años mirando el espectáculo en silencio.
La lluvia cesaba con gracia. Los muertos hacían su servicio. Los vivos se escapaban de la muerte unidos ante la tragedia, y de ahí, subían calle arriba, de nuevo a la ciudad. Con pancartas hechas con jirones de la ropa de los asesinados por los narcos, protestaban frente al los gobernadores, pidiéndoles solo dos cosas:
- construir una ciudad horizontal.
- fundir las balas y las armas para tapiar el río de la muerte y convertirlo en un camino peatonal, para uso y disfrute de todos los ciudadanos.
Mi abuelo murió hace cuatro años. El río de la muerte sigue llevando muertos hacia el mar. Y la ciudad se está descomponiendo. Algunos creen que mi abuelo fue un héroe. Yo también lo creo. Estoy aprendiendo a remar.

jueves, 3 de junio de 2010

LA SILLA DE KAZUO OHNO


Cuando fui al estudio de Kazuo Ohno, en Kawasaki, y vi su silla roja, en la que pasó muchas horas sentado, meditando, con flores rojas encima, me dije que si no fuera porque su hijo estaba delante, habría cogido el ramo de rosas, los habría apartado y me habría sentado allí mismo para echar una siesta y viajar a 1960. Me hubiera gustado saber qué pensaba el maestro cuando rodaba las primeras películas. La desnudez de sus movimientos expresionistas, la crítica al mundo de la posguerra japonesa, o quizás solo el arte como forma de expresión, de su única necesidad vital.
Ese mismo día sabía que Kazuo Ohno estaba postrado en su cama, a tan solo 10 metros del estudio, en su casa familiar, en la que llevaba muchos años viviendo. Prácticamente pasado el siglo de vida no hablaba, pero podía sonreir por dentro. Realmente deseaba ir a verle pero no era el momento para molestar al maestro, así que me conformé con su silla, sus rosas, su piano, su foto preferida de La Argetinita, la herencia de su hijo, sus documentales y sus libros.
Y ayer, con 103 años, por fin dejaba la cama en la que tanto tiempo llevaba postrado, menos que en su silla, pero seguro que otro lugar donde le dio tiempo a pensar sobre el baile, la historia, la política y la verdad de su Japón mientras nacía su nieto y crecía en su regazo.
Querido Kazuno Ohno, muchas gracias por todo lo que nos has enseñado y ofrecido. Algún día, cuando podamos reunirnos en el limbo, podrás explicarme por qué tu silla tenía un ramo de rosas rojas encima, mientras tú viajabas a otros tiempos.
Cuando Noriko termine el documental sobre tu arte, en el que lleva más de cinco años trabajando, a lo mejor, entenderé la razón verdadera por la cual desde que vi tu silla no he dejado de soñar con ella. Arigatou gozaimasu.

martes, 18 de mayo de 2010

¿QUIEN PAGA EL PATO?

Sí, si, que pague la banca y los/las que utilizando su cargo se han enriquecido haciendo de intermediarios/as entre los que lo tienen porque ya a sus abuelos/as les gustaba amasar fortunas (a costa de vísceras, insultos y sangre), y los/las que se dejan pensando que entrando en el juego les va a caer algo. Señores y señoras, llevamos muchos años sabiéndolo y muchos años de silencio -si, se habla en petit comité, pero nadie da la cara-, gracias a la pedazo de prensa que alimenta de basura los hogares a diario y a los fantásticos asesores que siguen pensando que en la prensa está el voto. El voto es un papel de mierda que solo sirve para seguir beneficiando a los que llevan años trepando y viviendo de las rentas. Gracias señores y señoras que llevan años sobornando y dejándose sobornar por ser tan sumamante incorrectos/as, por llevarnos a la bancarrota y por ser tan avariciosos/as. Detestado sea ese dinero que convierte a los hombres en alimañas de la opulencia y la opresión, sin importar su raza, sexo y edad y clase social, sus tendencias políticas, culturales y/o sexuales. Y el señor/a (Jesusa) sea con ustedes, porque lo que es el pueblo ya lleva muchos años aburrido de su patetismo.

jueves, 6 de mayo de 2010

CUBIERTOS DE MIERDA


Hoy he recibido un email de un viejo amigo al que hace tres días, y después de tres años, encontré de casualidad en la cola para entrar en el cine. No hablamos demasiado, lo justo para entender que nuestras vidas eran míseras, y sin embargo... ¡parecíamos unos privilegiados! Él estuvo un año con problemas de espalda, hasta que le operaron de la hernia discal que padecía, y pasó cuatro meses en el hospital rodeado de locos debido a que se le infectó la herida de la operación. Estuvo de baja unos meses hasta que volvió a su trabajo, y le despidieron. Como tenía poco paro, no más de seis meses, pese a que llevaba trabajando 3 años en una empresa y 1 en otra -debía que elegir opción A o B-, y el paro no le daba para pagar el alquiler, comer y pagar sus gastos habituales, incluído tabaco -del coche se tuvo que deshacer malvendiéndoselo a un amigo que trabajaba en un desguace-, se dedicaba algunos días a la semana, algunas horas al día, a ayudar a un socio-amigo que tenía una empresa de restauración de muebles. Gracias a este trabajo cobraba algo de dinero en negro y así podía pagarse sus gastos habituales y parte de sus gastos de superviviencia. Pero resulta que dos días antes de nuestro encuentro había desubierto que su socio-amigo debía dinero a un montón de gente desde hacía cierto tiempo y esto le había creado cierta desconfianza, en el amplio sentido de la palabra. Por su fuera poco su novia, perdón, ex-novia, le llevaba robando unos meses un porcentaje de ese dinero que cobraba en negro, hasta que se dió cuenta y la largó de su casa y amenazó con denunciarla (se enteraron las mitad de los vecinos del edificio). Esto último me confesó que no pudo hacerlo. También le acababa de llegar un burofax del penúltimo trabajo que tuvo que, sin darse cuenta, le habían pagado de más: 72,67 euros, y le reclamaban el ingreso inmediato de ese dinero. Y entonces, cuando yo le escuchaba con gran perplejidad, no sólo por lo que oía, sino porque me sonaba todo demasiado cercano, tuvimos que entrar a ver la película en la que habíamos coincidido: Soul Kitchen, sobre las tribulaciones que vive un inmigrante en Hamburgo para sacar adelante su negocio, con hernia discal incluída y cuernos de su novia con un chino. Nos callarmos cuando empezaron los créditos de arranque. Al salir nos deseamos lo mejor para nuestras espaldas: la suya y la mía (yo llevaba varios meses de fisioterapeutas) y nos dimos nuestros mails porque él, aunque tiene cuenta facebook y somos amigos hace meses, dice que no lo usa: es un truño... No deja de llegarte publicidad y chorradas todo el santo rato. Vamos, que yo no estoy aquí para perder el tiempo.
Pues bien, os adjunto la carta de mi viejo amigo porque creo él representa a una gran mayoría de españoles entre 30 y 40 años, y a los menores de 30 que quieren crecer antes de tiempo y a los mayores de 40 que no envecejen nunca. Desde luego no representa a los mayores de 40 que no conocen la palabra "cambio reactivo generacional", ni a los menores de 30 que viven con sus padres y no dan ni chapa: los que llaman de la generación nini (¿ni pinchan ni cortan? Más bien todo lo contrario...
Dice así:
"Querida amiga:
Me alegró mucho verte el otro día en el cine (aunque hubiera preferido habernos encontrado en un bar de copas y habernos puesto hasta el culo de beber, claro que como solo podemos permitirnos dos copas, porque cuestan un ojo de la cara, no creo que hubiéramos llegado a cambiar el mundo o a destrozar el mobiliario urbano, ambas cosas gratamente divertidas cuando uno se siente identificado con el interlocutor). Como te decía el otro día, lástima que tu novio te esperaba en casa con la cena en la mesa y no pudimos seguir, estoy hasta los cojones de todos los chupapollas de este santo país. Sí, claro que soy un privilegiado, como concluímos el otro día. ¿Y sabes por qué? He decidido tirar la tele por la ventana, a lo vídeo I´m back, I´m a rock & roller and I´m still a star, in spite my age... de Miguel Ríos, conocido entre mis colegas de barrio como Mickey Rivers. Así que ya no veo a los patanes e impresentables de políticos que tenemos en este país que todavía no han superado la mierda de sesenta años del clan de los bigotes: Mr. F; Mr. T y Mr. A y que viven a la sombra del árbol que más fruta les da, aunque esté podrida. Son unos avariciosos y unos clasistas. Se pasan los días chupándose las pollas unos a otros y contándonos una sarta de mentiras para que no nos levantemos de nuestro sofá y sigamos viendo el fútbol mientras nuestras mujeres cuentan los céntimos de euro para comprar una barra de pan. Algún que otro día veo vídeos en youtube para reirme del circo y la puesta en escena de estos señores que no tienen ningún problema económico (les deseo sólo la mitad del dolor de espalda que yo sufrí y sigo sufriendo, aunque ellos arreglarán sus poblemas en médicos de Alemania o Estados Unidos). Y sí, indudablemente me río, pero después de la risa me quedo impávido y me entra un sarpullido por todo el cuerpo. Mi madre, que a veces me trae comida para que no me muera de hambre, dice que el sarpullido es por las alergias primaverales, y el que duerma 9 horas diarias, también. Pues no, madrecita, no. Tengo una depresión de caballo y estoy hasta los santos cojones de toda la mierda que me trago al día (y eso que intento escapar de ella). Si paso por la calle y veo algún que otro titular en El País, Público, El Mundo, ABC, Metro, 20 minutos... ya me pongo de mala leche. Y no digamos si me da por hablar con algún que otro señor en la calle cuando me fumo un cigarro para olvidar mis males... Siento, amiga, contarte todo esto así, a bocajarro, y de esta manera, pero el otro día, al encontrarnos, me di cuenta de que podía contar contigo. Podía contarte todo esto y entenderme, como lo hace la mayoría de gente con la que hablo. Llevo tres meses escuchando a desconocidos, conocidos y amigos (cosa que no saben hacer los políticos) y ninguno me ha dado una buena noticia: al que no han echado de su trabajo (que es el 70%), le han diagnosticado una enfermedad o se ha separado de su pareja, le han robado o le han tomado el pelo. Eso sin contar los autónomos, seres intrépidos en este mundo del mercado devastador, que llevan años sin cobrar y buscan dinero de debajo de las piedras para pagar los burofases y los monitorios...
Pero no me voy a extender mucho más. Tú y yo sabemos, que con nuestros 700 euros al mes, que sacamos entre unas cosas y otras, somos unos privilegiados: no tenemos hijos, nuestros alquileres son razonables e incluso han bajado un poco, tenemos tiempo para curar nuestros males, para ver florecer las flores, para ver partidos de fútbol, para leer en papel y para ir al cine a ver las pocas películas que merecen la pena. Tú y yo sabemos que no ganamos mucho, pero que así no nos roban mucho, porque si pagáramos más impuestos, algún hijo de puta a través de sus múltiples intermediarios, se lo habría llevado por la mano a algún paraíso fiscal para darse la vida padre, irse de putas, y pagarse vinos de 400 euros. Tampoco nos preocupa la educación ni el futuro de este país de la picaresca, de la burla y de la mediocridad, donde lo más sensato que uno puede hacer es meterse en las páginas de internet y relacionarse con gente de otros lugares que no sufren tantas enfermedades, estrés, depresiones y que no están tan acojonados por pensar qué va a ser de vida en este país infectado. Y no nos preocupa porque además de no tener hijos, no tenemos espectativas, más que las básicas: comer, dormir y cagar. Mientras tengamos eso resuelto, podemos seguir tirando... Aunque nos hubieran acostumbrado al mundo de la opulencia y el consumismo por pura inercia de un sistema donde todos los poderes están corruptos y rozan la ignorancia ética, social y de convivencia. Gracias a que nosotros nos reimos de su circo y su miseria y que nos da igual, todo ellos siguen agrandando el album de fotos para la posterioridad.
Amiga, un placer. Se que me entiendes, y espero (más pronto que tarde) poder ponernos pronto hasta las cejas de todo: comer de la hostia, beber como si no costara, y meternos mierda hasta reventar para escapar de la miseria.
Y de postre, te voy a enviar un mitin memorable, que salía en esa película en la que también, como por arte de magia y por la conexión energética que existe en nuestra vibración humanoide, también nos encontramos. ¿Te acuerdas? Era Team América: World Police, de 2004, y la decía Gary Johnston, el actor de la barba cutre. Salimos cantando del cine: Aids, aids, aids, aids.... Aids, aids ¡aids! Gary Johnston recuerda la frase de su mentor en el clímax de la película: We're dicks! We're reckless, arrogant, stupid dicks. And the Film Actors Guild are pussies. And Kim Jong Il is an asshole. Pussies don't like dicks, because pussies get fucked by dicks. But dicks also fuck assholes: assholes that just want to shit on everything. Pussies may think they can deal with assholes their way. But the only thing that can fuck an asshole is a dick, with some balls. The problem with dicks is: they fuck too much or fuck when it isn't appropriate - and it takes a pussy to show them that. But sometimes, pussies can be so full of shit that they become assholes themselves... because pussies are an inch and half away from ass holes. I don't know much about this crazy, crazy world, but I do know this: If you don't let us fuck this asshole, we're going to have our dicks and pussies all covered in shit!
Y esto, en resumen es lo que pasa aquí: que estamos cubiertos de mierda gracias a la ignorancia porque somos incapaces de follarnos a los gilipollas. Espero que la próxima película en la que coincidamos, que no sea un 3D de pega, podamos sacar alguna qué otra conclusión... Pues parece que los que sustentan el sistema desde sus despachos, están tan enredadados en mantenerse a flote, que son incapaces de ver más allá de lo que les cuentan sus patéticos asesores y todos los pelotas de mierda que dependen de ellos directa e indirectamente, que son muchos. Hasta pronto, amiga. Y cuida esa espalda, que espalda no hay más que una, y el hospital está llena de locos y de enfermos, tantos que hay cola de espera, como en el inem, en los comedores sociales y en los bares que ponen los partidos de fútbol codificados con una pantalla de leds de 56 pulgadas.
Por cierto, quería, ya para terminar, proponerte un trabajillo..."
El email de mi viejo amigo sigue, pero la propuesta que me hace es tan sui géneris que prefiero procesarla antes que exponerla. Una vez que la digiera la colgaré en el blog para preguntaros qué opinión os merece. Pero antes debo consultarla con la almohada de espuma con la que convivo hace casi 20 años. Yo le deseo a mi viejo amigo todo lo mejor, igual que a todos los que fácilmente se pueden/nos podemos (me incluyo) identificar con él. Estoy segura de esto solo es el principio de una buena amistad.

BOOK

lunes, 12 de abril de 2010

LA REALIDAD QUE NO EXISTE

Cuadro de Rafa Bertone. Viejo 3. Técnica mixta sobra tabla. Madrid, 2007.

Me han crecido las orejas, de manera casi impúdica y han echado raíces negras para agarrarse al mundo. Quieren desprenderse de mí, igual que los pelos de mi cabeza, ahora un foco reflector de luces para guiar a las chicas cuando se pierden en los callejones. Los tentáculos de mi cuerpo que un día me axfisiaban por dentro, los pelos transpirando y cociéndome el cerebro, los poros que respiran consumiéndome el oxígeno, las uñas hincándose en mis dedos... ahora lo hacen para afuera asiéndose al mundo como último escape para sentirse vivos. Será que me han consumido por completo y ahora necesitan abono de fuera. O será al revés, que ahora necesito más estímulos del exterior para permanecer vivo. Lo ignoro. Lo que si se es que me miro al espejo y mis ojos proyectan una imagen rancia y marchita, un color amarillento de un hígado en las últimas, unas manos llenas de manchas que se agarran al final de sus días. Por si fuera poco ya no soy atractivo ni para mi madre, que hasta que no pasé de los 50 todavía me decía que era guapo y no entendía como ninguna mujer en el mundo, y mira que hay, podía quererme. Yo también me lo preguntaba hasta que me di por vencido. Los estímulos que antes me llegaban por los sentidos se han empezado a agotar y ni creciendo hacia el exterior me siento pleno. Más bien al contrario, estoy más muerto que nunca. No hay prácticamente nada que pueda hacer para que ese deterioro y ese miedo del paso del tiempo se detenga. Por mucho que me vendan, y por más que todo lo que crece hacia afuera trate de conseguir, me marchito imaginando un cuerro cabelludo nuevo, unas orejas pequeñas y graciosas, unas uñas finas y unos dedos de pianista. Es imposible. Pero cuando pronto sea abono del nuevo mundo que se avecina, yo habré colaborado para alimentar aquello en lo que no creo. Será gracias a mí y a miles como yo que los habitantes del futuro podrán implantarse basura para conseguir el amor de su vida. Poco más puedo hacer que quedarme en silencio, dejar de respirar y cerrar los ojos.

viernes, 2 de abril de 2010

RAINY DAY IN NYC

I saw death umbrellas sleeping on the road. It was 7 in the morning when we returned home after a long night. I was taking pictures and walking in circles, thinking about how could it be to become a man. I mean, if we´ve spent 2 hours in a Mexican restaurant, with Mexican food, Mexican workers and Mexican transvestites, if I am not Mexican, not worker, not transvestite, I am just a woman... How could be my life if I decide to be them: worker, Mexican and transvestite. But for some reason this was the last think I thought.


First of all I was wondering how could be to live in NYC for a long time. It is nothing weird with the city, you can realize you are at home because everybody is welcome. Secondly we been running from Upper West Side to Lower East Side breathing the air that belong to Central Park, so this means you can have a certain quality of life in certain parts of the Big Apple. Thirdly I thought why I should through away the past and do something different. Am I tired of being in this world? Is that all? You, mother earth, don´t have anything more to offer, more than insert me in a society with its rules and do everyday a boring routine? Maybe I am lost again. Changing cities, changing what?

So then the image of me being someone different, maybe changing my sex (because my hair, or the colour of my eyes is so easy to do) became a reality. Is not that I wanted to be a man, no way. It is just that I was tired of myself, my thoughts, my words, my memories, my face. I remembered Kobo Abe and the character of his novel Tanin no kao trying to build his face... I thought I wanted to destroy it. Like the ill umbrelas in the city, after a windy rainy day, transformed, barely naked in their iron armor, canvas broken, lost handle.



The image is sad, I know, but I could join the same thought of a Mexican worker transvestite with a dying motherless child umbrella. If you ask me why is because that night we spent together was like a lovely thundercloud in which we decided separate forever. Maybe that´s why I wanted to be someone else, totally different. Was I afraid?


But know that I´ve decided to became a bare umbrella an live in a rubbish bin in Brooklyn, now, my dear, I don´t miss you. From my place I can enjoy the neighbourhood, listening the arguments between the Mexican transvestites, workers, dealers, families... people that decide to leave their countries to follow the American dream. Now is not a problem the hard wind, or the painful rain, or a long night without you. I have everything I need, except a pair of shoes to run inside Central Park. I will ask for it in my next life.

jueves, 25 de marzo de 2010

SALVOCONDUCTO


Cuando una joven robusta decidió terminar el festival de SxSw de Austin con un bolso robado y hacerse con una cámara de fotos donde podría ver la cara de su víctima, una cámara de vídeo, un pasaporte que me identificaba a mí con una única entrada en Estados Unidos –pues acababa de hacerlo dos semanas antes-, billetes de avión, gafas graduadas, tarjetas de crédito, varios gorros y pequeños objetos de valor sentimental, se sintió plenamente dichosa. Mientras ella utilizaba las tarjetas de crédito a su antojo (se hacía las uñas, compraba comida y echaba gasolina en su moto) yo me quedaba en tierra de nadie y sin papeles. Hasta ese momento no entendía el valor real de un documento identificativo. Había oído de muchos casos de fraude y falsificación de documentos, pero nunca me habían afectado directamente. Sin embargo esta vez, conociendo los hábitos del verdugo, pensaba que su objetivo no era utilizar los documentos, sino fardar delante de sus amigos de sus nuevas cámaras y de sus uñas de colores sobre unos dedos regordetes y grasos, acostumbrados a comer basura. Esos mismos dedos que habían agarrado un bolso que no le pertenecía.
Pues bien, gracias a ese venturoso gesto, yo no podía entrar en los bares puesto que la ley americana obliga a identificarse (aunque un chico me dijo que a él nunca se lo pedían puesto que era obvio que parecía mayor de 21), no podía salir del país y no podía hacer prácticamente nada excepto pagar con una tarjeta de crédito, en caso de haberla tenido (en América no tienes que identificarte para pagar). Ambos cosas me traían de cabeza: ¿Cómo es posible que la ley te obligue a identificarte para entrar en un local y no te obligue a identificarte para pagar?
Hacía meses había tenido esta discusión con un amigo: A él le ofendía sobremanera que le pidieran identificarse para pagar (no lo hacen en casi ningún lugar de Europa, excepto España –me consta). A mí, que me era indiferente, ahora más que nunca me resultaba desagradable. Si eres quien dices ser ¿por qué ha de enojarte el que te pidan una identificación?
Pues bien, mientras la gordita de uñas pintadas se paseaba por Austin tirando de tarjeta sin necesidad de identificarse yo tuve que mover los cimientos de mi realidad y de mis creencias. Para empezar descubrí que hay gente que no conoce la empatía (¿qué harías tú si te encontraras un bolso con un pasaporte y unos billetes de avión que sale dos horas más tarde?) y muchas otras personas en el mundo dignas de un valor humano excepcional, todas aquellas que me ayudaron a salir de Estados Unidos: Ernesto, Lisa, Dave, César, Jeff, Sira… Y momentos y situaciones que te obligan a entender el karma y la aventura. Gracias a ellos pude viajar de Austin a Houston (¡tenemos un problema! ¡y vamos a resolverlo!) para conseguir un salvoconducto, algo que para mí solo existía en Casablanca, un simple papel por el que uno podía llegar a matar en tiempos de guerra o posguerra. Me llevó dos días hacerme con el salvoconducto, varias llamadas, unas cuantas horas de coche y un poco de estrés. Y cuando llegué al Consulado español y me hicieron el salvoconducto en 10 minutos pensé que tampoco era para tanto. Una vez en mi poder sabía que solo tenía una opción en la vida a corto plazo: volver a España. No era una mala opción, teniendo en cuenta que desde ahí podría conseguir ser persona de nuevo, tener documentos que me identificaran, y así poder volver a Estados Unidos, a Austin, en busca de mi verdugo. Y ahora que por fin estoy en proceso de tener los documentos que me identifiquen, espero no tardar mucho en hacerlo, porque si lo hago demasiado tarde, lo mismo la ladrona ha perdido las manos en un accidente y no puedo identificarla por las uñas. Espero tener suerte. Así me enteraré de qué hacen las autoridades americanas cuando un ciudadano americano comete delito de robo y un ciudadano con papeles puede denunciarle.

lunes, 1 de marzo de 2010

PODREDUMBRE




Me pregunto si el cuerpo tiende a la resistencia. Si el esqueleto es lo suficientemente fuerte como para mantenerse en pie. Si los músculos que generan las sonrisas serán siempre igual de elásticos. Si las contracturas, los contrahechos y los dolientes tienen cabida en el mercado. Si sirven para algún menester a este gran imperio del dinero y la estética. O si más bien sirven para esconderlos donde nadie los vea, puesto que no son útiles ni atractivos, y todo aquello que no es útil ni agradable de ver tiende a ser escondido en un cajón, hasta que en el momento de limpieza uno decide, por fin, tirarlo. Si como auguran ya a finales del siglo XIX, nos hubiéramos convertido en robots, probablemente no pasaría absolutamente nada, pues como máquinas se nos supondría sin sentimientos. Pero el hombre, que trata de hacer todo a su imagen, semejanza, disposición y medida, les ha puesto sentimientos a los robots, a los personajes de las películas de animación, a su propio ordenador... Así que hoy en día es más fácil que uno llore y sufra por la muerte de su mascota, un perro robot que solo sabe ladrar con pilas, que por ver unas imágenes de fotos sobre lisiados de guerra. Total, para qué sirven sin no están completos. Eso es lo que se diría un niño que no comprende. Y eso es lo que se dicen ahora los adultos, constamente, que no quieren ni plantearse el entendimiento. Claro, siempre hay excepciones.
Pero me pregunto todo esto porque hace años era un cuerpo atlético, lleno de energía y capacidad, y ahora me siento más bien una lisiada de guerra, una mutilada del sistema, destrozada por el propio trabajo en que siempre creí... Hablaba hace poco con una amiga y le decía ¿te acuerdas, cuando éramos más pequeñas y alguien decía que no podía trabajar? Creía que eran personas vagas, que no querían trabajar y su actitud me parecía cómoda. Y sin embargo, cuando tú creces con el cuerpo, o el cuerpo crece contigo, aún siendo un todo conjunto, tú y el cuerpo, empiezas a sentir esa decadencia de los órganos, esa decadencia que te ayuda a entender la decadencia de todo lo que te rodea: la decadencia de la amistad, la decadencia de la familia, la decadencia de la educación, la propia decadencia de las ideas. Si no fuera por internet como nuevo invento globalizador del sistema ¿qué nos quedaría para expandir negocios, para seguir vendiendo, para seguir exhibiéndonos? Pues no lo se, pero por lo menos, uno aquí puede esconder sus miserias, uno puede fingir que tiene un cuerpo atlético y no uno decadente y recosido; uno puedo hablar de cosas en las que cree y que otros le lean, sin cesuras, y uno puede buscarse la habichuelas para mantenerse a flote sin que le vean que tiene media cara quemada.
Me pregunto hasta donde llegará este cuerpo cibernético, y si dentro de poco, aquellos a los que se les pudren los músculos, los huesos y los órganos, podrán compartir sus pensamientos, o lo poco que les quede, tan solo con la fuerza de su cerebro y sus ideas. Porque en definitiva, si las pantallas ya son táctiles y no necesitamos teclado, pronto serán pantallas telepatiles. Con todos los miedos que la decadencia nos regala, por lo menos, uno se agarra a la esperanza. Uno siempre espera: la nueva vacuna, el nuevo remedio contra el cáncer, un nuevo genio que transplante médula, y una nueva forma de seguir vivo, aunque el cuerpo se pudra, el hombre no puede permitirse el lujo de desaparecer con la decadencia ¿no ha sobrevivido a demasiadas luchas ya? Aún en nuestra podredumbre, creemos. Y hasta eso, lo mantenemos con orgullo.

domingo, 24 de enero de 2010

A CIEGAS

Una mirada hacia atrás. Un blog, miles y millones de blogs. Apenas si un 10% del contenido de los mismos vale la pena. Hay mucha publicidad, mucha noticia que caduca nada más ser publicada o que por simple exceso, no nos da ni tiempo a ver. El tiempo. Contabilizar las horas que utilizamos para dormir, comer, restar las que dedicamos a sumergirnos en la caja de la nada: televisión u otras formas de entretenimiento vacías, ratos que pasamos con amigos y conocidos emitiendo ruidos sin contenido, momentos que dedicamos a la lectura y navegar sin rumbo cierto en un maremagnum de información. Eso es peor que vivir a ciegas. Y digo esto no por rellenar un espacio en blanco, lo digo porque hace una semana me fui a la Plaza del Ángel, en Madrid, y me uní al último proyecto de mmmm... http://www.mmmm.tv/index.html, colocándome un antifaz en los ojos y caminando por la calle Huertas, literalmente a ciegas. Entonces descubrí el maravilloso mundo de los sonidos, del tacto, del calor humano, de la textura del suelo, de los obstáculos, de la soledad, del miedo. Durante 30 minutos a ciegas realicé el viaje del héroe que sirve como estructura narrativa de la mayoría de los guiones: del mundo ordinario pasé al mundo especial, y cuando salí de él, ya era otra persona.
Recuerdo, estando a ciegas, que escuchaba, sin querer, las conversaciones de los que me rodeaban. Sentía como los que veían me rehuían, para no chocarse conmigo, y solo los que habíamos decidido experimentar la ceguera nos encontrábamos en medio del abismo, nos reconocíamos por el tacto y el movimiento, y seguíamos nuestro camino a tientas, utilizando nuestras manos como medio de protección. Estando a ciegas entendí que el camino está lleno de obstáculos caprichosos, bancos de piedra, metales fríos que protegen árboles raquíticos, malformaciones del empedrado que impiden el paso armónico, estructuras rugosas de paredes que parecen armas inquietantes. Y sin embargo, acostumbrada a la ceguera, pese a mi desorientación inicial, entendí que el resto de los sentidos se agudizaban. ¿Era eso estar ciego? ¿Vivir con un bastón? ¿Sentir que los que te rodean te rehuyen o, a veces, te ayudan a pasar un charco? Recordé mientras deambulaba calle arriba y calle abajo la obra de teatro Jesus Campos García, que lleva el mismo nombre: A Ciegas, una metáfora sobre la subsistencia, la oscuridad y la guerra. Me pregunté qué habría sucedido si, en caso de ser actriz, hubiera tenido que interpretarla. Pues bien, la conjunción de una performance en la calle a pleno día, la obra de Jesús Campos García, y la sensación de que la mayoría de lo que uno ve y lee cada día no le aporta casi nada, me llevaron a un punto sin retorno. No importa lo que uno haga, al final vence el nihilismo. El ciego puede sentir más que el que utiliza los ojos para recapitular. Pues la visión no está en los ojos, sino en los sentidos, que son seis (el sexto también cuenta). Y por lo general, utilizamos solo uno, el que nos resulta más fácil y cómodo. Con los ojos trato de leer contenidos. Navego por blogs y páginas y, al final, desespero con el paso del tiempo, la energía gastada, y la gran cantidad de desinformación acumulada. Así que deduzco con ello, que lo mejor es navegar a ciegas, dar al botón del enter sin mirar, recrearse con el sonido de las teclas, y tocar la pantalla para saborear una sola línea entre miles que tu sexto sentido te dice: ahí hay algo interesante. Y finalmente, apargar el ordenador, y quedarse mirando la pantalla en negro para escuchar el sonido de las estrellas. Pues está claro, que los sueños de los ciegos, son en colores y en 3D.


domingo, 3 de enero de 2010

NADIE

Un año con nadie. Una brisa acaricia a nadie. El perfume que tapa a nadie. La superestructura de nadie. Como si deshaciendo todo aquello que no ha servido para nada pudiéramos conseguir que alguien se diera cuenta de que el vacío pende de un hilo. ¿Para qué? Una pregunta en el aire que nadie se hace para no responderse nada. Hace tiempo no éramos tan cínicos ni tan perversos, hace tiempo sonreíamos con el corazón y sin corazas. Nadie ve la televisión: de nuevo le taladran las otras realidades que no le dicen nada. ¡Pues no han conseguido los medios, con la saturación que hasta alguien deje de prestar atención! Rellenar espacios, tintas para imprimir papeles, imágenes que crean ruido en nuestras pantallas, los ojos del más allá, la propaganda. Y ahora el monstruo al que damos de comer cada día, que nos devora los pensamientos, las horas, y a cambio nos da basura (por si teníamos poca). Los autores se quejan ¿de qué? El monstruo les está devorando e invalida su virtuosismo a cambio de nada, pues que es un nombre sobre un blanco. Claro que alguien vive en Matrix hace demasiado tiempo, y no quiere darse cuenta; es más fácil no hacerlo. ¿Pero qué es el tiempo que va a un ritmo tan lento para unas cosas y tan rápido para otras? Nadie se queda en silencio. No quiere ver, oir, ni sentir. Si ha nacido para estar programado por el sistema se chutará Soma o cogerá su arma preferida. La acción es un método como otro cualquiera... Nadie sabe que alguien no es nada más que un cero. Recuerda el código binario. Alguien es cero y por lo tanto no suma, más bien resta. Resta para el avance, resta porque para sentirse alguien tiene que estar y el está lo hace con las reglas del juego de un sistema (sea el que sea) que está creado por aquellos que crean todas las falsas realidades según sus intereses partidistas, económicos y chanchulleros (aunque lo llamen de otra manera). Para alguien los mensajes tienen sentido, le gustan, los necesita, pide más para rellenar sus huecos vacíos, para tener de qué hablar y, lo peor de todo, pare sentirse "alguien". Nadie está en silencio y seguirá en silencio mientras alguien quiera seguir fabricando basura y regocijándose en ella. It´s time to...

lunes, 14 de diciembre de 2009

CARTA A KAFKA



Querido: El Museo de Kafka en Praga es de un oscuro casi obsceno. Tu sufrimiento y complejos ante la figura de un padre castrador quedan patente en tu obra, pero ¿por qué tu oscuridad, tus ojos de zorro apaleado y la huella de la humedad de Praga se mascan en los rincones de la casa en la que viviste con su familia? ¿Por qué paredes, textos en alemán y en checo, mujeres, amigos y familiares del gran Kafka, o del referente Kafka, quedan empequeñecidos y oxidados entre tanto cristal, metal, agua y oscuridad? ¿Por qué no crear un ambiente más cálido para el placer del viajero, tocar los tejidos que te dieron calor, ver las plumas de colores que llevaron tus amantes en sus sombreros, reescribir sobre tus cuadernillos con tinta hirviendo, y saludar al autor tocándole con la calidez de la piel y el entusiasmo del pupilo contemplando al maestro? ¿Quién quiso que permanecieras entre enormes cajones de escritorio helados, lacados de negro y plata, bajo un aspecto lamentable y pendenciero de sufrimiento que no han dejado de retratar en documentales y películas de ficción sobre "el hombre metamorfoseado" consecuencia de lo único que entendían en tus textos, el tormento? Quizás otros no lo vean de la misma manera, quizá ese día que traspasaron el umbral hacía calor fuera de Museo y al entrar el golpe no supusiera más que un alivio, pero para mí, en parte admiradora, seguidora y amante a ratos de tus ojos de zorro empequeñecido por la sombra de todo lo que se avecinaba, para mí, digo, supuso un terrible trauma: la sensación de que, a veces, por mucho que aportes a la humanidad, es mejor que te dejen morir tranquilo, que no utilicen ni tu imagen ni tu pensamiento para conseguir una lectura errónea y usarla como si tú, vivo, estuvieras hablando. Tú convertido en un reclamo publicitario, un reclamo para hacer dinero, para mantener viva una imagen irreal de lo que realmente percibiste, para que tus detalles más intimos, desconocidos, se justifiquen en el trabajo de personas que jamás te conocieron, y a las que un señor puesto casi a dedo por una gran mayoría iletrada, pidió para justificar su trabajo te hicieran un retrato robot y un homenaje para tu permanencia. ¿Es eso lo que realmente querías? No hay nada más eterno que el calor del sol que nos hermana, ese que hace crecer aquello que nos alarga la vida, y que devoramos sin ser conscientes. Y tu sol son tus ojos, ahí dentro una llama resplandece para avisarnos de toda la basura que existe y que jamás dejará de existir, puesto que de la basura venimos y en basura nos convertiremos si por ella entendemos polvo y restos de materia en plena transformación. Y tú, sol y polvo, y tú, zorro y amante acomplejado, y tú caminante por las maravillosas calles de la Praga de principio del siglo XX, te has transformado en un Museo oscuro para que los turistas que han leído tres cosas sobre tí vayan a verte convertido en frío y miedo, en tristeza y llanto. Yo, querido, deseo más bien tu calor. Acercarme al hombre que pensó y no al pensamiento del hombre que mataron. Porque dando calor al hombre es más fácil rozar su pensamiento. ¿O no?

jueves, 3 de diciembre de 2009

VIRGILIO PIÑERA

Un humano que quería ser escritor.


"Perdido todo;
le quedaron ciertos libros.
Cerrados, semenjan ataúdes,
y abiertos, cunas propicias".


Así es, un libro cerrado no es más que un volumen que ocupa un espacio sin dueño (¿Será el espacio la excusa para su exterminio?). Para poco sirve si no se abre -aunque en algunas casas lo utilicen para "rellenar" las estanterías, "decorar" las habitaciones, o "calzar" las mesas cojas-. Pero un libro abierto, uno de los buenos, esos que te llevan de viaje, que te enseñan y te conmueven, un libro pensado, realizado con sangre y sudor de un ser que sufre por los demás, que entiende, y que apenas puede hacer más que gritar y vomitar su rabia sobre una hoja en blanco, como así hicieron muchos, Kafka, Gombrowicz, Lezama Lima, Modiano, Mishima... Uno de esos no ocupa, sino que se filtra a través de los ojos y se convierte en materia prima para generar nuevas "ideas" unidas a las que ya lleva uno consigo durante años. Ahora que vivimos perdidos todos (aunque sobre esto habría mucho que decir -más bien ahora nos estamos encontrando, pues antes sí que estábamos perdidos sin darnos ni cuenta-), tan solo nos quedan ciertos libros ¿pero qué libros? ¿Quién los elige? ¿Por qué? ¿Para qué...? Abro libros elegidos, libros queridos, aquellos que pasan de mano y mano y entre medias surge la caricia. Una sonrisa tenue, un ayer. Un poco de Virgilio Piñera. Un poco de amor. Libros y palabras. A veces uno quisiera callar, como así hago durante largas temporadas. Tanta información, tanto destello baladí, tan triste la realidad que nos rodea, tan miserable el comportamiento de los herederos... ¡Siempre tememos ser bombardeados! Lástima.

El jueves 10 de diciembre, a las 19:30, iré a Casa América a escuchar a Andrés Sorel y Antón Arrufat hablar sobre Virgilio Piñera, al que se ha dedicado un monográfico de República de las Letras, la publicación de la ACE. No obtendré más respuestas, pues éstas, se gestan con cierta precaución. Pero será un placer escuchar en boca de amigos las palabras dedicadas a otro grande, otro personaje sensible (pues llega un momento que el humano que quería ser escritor se convierte en el personaje que él mismo ha creado), un Virgilio Piñera pensante, un cubano visionario. Allí nos veremos con el entusiasmo bajo pues, en estos tiempos, debemos cuidarnos de los devoradores y aquellos seres intrépidos que sin escrúpulos quieren comerte las entrañas. Allí nos veremos en silencio, en comunión y sin iglesia.

jueves, 20 de agosto de 2009

NATURE GIFTS

During HANABI, Asakusa, Tokyo. 27th Juoly 2009.
Now is easy to understand the words, the landscape, the reality of a part of my soul. We need weapons to develop what´s under the first sight. Maybe language, body and eyes. Ears and spirit... Our heart (kokoro) is moving faster and happy, tasting the real flavour of sushi and smeling the breath of nature. The boom-boom sound of my heart joins with the cicada (semi) songs in summer. The hole Japan is dancing with their songs in Hiroshima´s bombs anniversary (August, 6th, 1945) while skin becomes as wet as the effort of making love with crazy passion. Wet eyes but no tears. Only emotions flourishing in colours. Nature is so brave in this country that people need to hide in their grey, white and black soft cotton. Only summer kimonos (yukata) are still lighting the bodies of natives and visitors to celebrate the tradition of Japanese past. And the fabric they are made of reflect the same flowers (hana) and beauty in the real nature.


But me... No wonder why the ego is flying away. I´m becoming part of here: clouds, mountains, water, flowers, animals, buildings, trains... People. Here It is not common to use the I (watashi) to talk about oneself, maybe because an individual is not "I" from inside, the place were words come from. Maybe here we are the delicacy of senses translated into a new substance, the same substance we are all made, doesn´t matter the country we were born, or the time, or the period of the year... In spite of the idiosincrasy of Japan. But yes, it is certainly that this substance differs from what we feel from outside, what we breath from mother nature.


So travelling, moving, knowing and sharing give us more substance. And the more we have the more part of nature we are (naturally the soft and beauty nature). Only species that can´t understand, become or maintain aggressiveness. But yes, I am flying again from flor to flor. My wings are shinning now. It is supposed I should explain everything that I see for you to evaluate what´s on here appart from my essence, but I am sorry, I can´t. You must feel by yourself (to understand our nature). Come and see the beauty of this country, the softeness over the war, the marvellous and superb nature over destruction. If you see inside things it is easy to forget about bombs; indeed it is possible to create armony from ashes and hate. It is not only possible, is one of the best ways: to forgive and try to forget. Once you know horror the only thing you want is to do everything good and nicely because it is our essence and because, above all, it is the best way to understand this gift.


Yukata bow. During Tokyo summer HANABI.

sábado, 6 de junio de 2009

ON THE GRASS

Mientras las plantas crecen, los colombianos envían escarabajos a Japón y un avión desaparece bajo el Atlántico, los mexicanos presentan al mundo unas plantillas para zapatos de mujer que producen feromonas. Se han creado plantillas relajantes y adelgazantes y ahora llegan plantillas para excitar inconscientemente a los hombres mexicanos, de momento, puesto que "todavía" no se comercializan fuera de México. Sin embargo yo me pregunto ¿por qué precisamente México, uno de los países más machistas del mundo, necesita que los hombres tengan, todavía más excusas para "ligar" con una mujer? ¿Quién ha inventado esta atrocidad? ¿Y quién es la tonta que se las va a poner? ¿Está Juárez en México, lugar dónde ejecutivos adinerados pagan por cazar mujeres con grandes escopetas mientras la policía se forra haciendo la vista gorda? ¿Qué pasaría si las mujeres de Juarez utilizaran estas plantillas? ¿Estamos luchando las mujeres de verdad por nuestros derechos? Cada día lo tengo menos claro. Si ni siquiera somos capaces de ser conscientes y conocernos a nosotras mismas ¿para qué queremos atraer a los compañeros en las oficinas y en las discotecas? ¿No nos vale con los colores vistosos que nos obligan a comprar las marcas de moda, las formas del diseño, las colonias olorosas, los peinados "cool", las pinturas creadas con las focas y las ballenas asesinadas y con la silicona y los miles de apósitos inventados para parecer, en este mundo capitalista-narcisista, más atractivos? ¿Y dónde se ha quedado el contacto con la naturaleza, el olor natural, la belleza del todos somos distintos y auténticos con nuestro adn y nuestras arrugas que conforman el mapa de nuestra vida?
El otro día fui a una fiesta en el Museo del Ferrocarril. 1.000 metros de césped. 300 pies sin zapatos sintiendo el contacto con la tierra en una ciudad, Madrid, que trata de no quedarse atrás y de seguir haciendo eventos alternativos. 3 metros de ese césped están en la cocina de mi casa, una casa sin terraza. Encima bolsas de reciclaje. Todos los días lo piso con los pies descalzos para recordar de dónde vengo y hacia dónde voy. Todos esos mismos días me pregunto para qué necesitamos plantillas con feromonas y sonrisas de productos cancerígenos. Los mismos que me pregunto cuántas mujeres en el mundo están dispuestas a ser, por encima de todo, en lugar de tener. Supongo que la felicidad que busca cada uno es tan diferente que las grandes empresas se aprovechan de todo este caos y futilidad de una falsa belleza. La crisis no es más que una falacia para desclasar a la clase media que se olvida de sus males consumiendo. Después de la experiencia de caminar sobre los tres metros de césped que sobreviven en la cocina creo que me niego rotundamente a comprar plantillas con feromonas, escarabajos de la suerte, o pintalabios rojo pasión a costa de enriquecer a gente sin escrúpulos para, sencillamente, sentirme, sin serlo, más guapa. No necesitamos ninguna organización sin aparente ánimo de lucro para recordar a los capos del sistema lo mal que están haciendo casi todo (aunque no está mal del todo que denuncien las aberraciones); nos necesitamos a nosotros/nosotras, íntegros, conscientes, ecológicos, virtuosos, semilibres y luchadores. Dejemos de creer en los cuentos de hadas y sobre todo en la comercialización de nuestro cuerpo. Pongamos los pies sobre la tierra, sobre el césped, y recapacitemos...

miércoles, 6 de mayo de 2009

PENSAMIENTO Y LITERATURA

Este vídeo lo conforman parte de las grabaciones que realicé durante el VIII Congreso de Escritores: Pensamiento y Literatura, celebrado en León en octubre de 2008. Una de la últimas imángenes en público de Antonio Pereira, acompañado de varios escritores: Antonio Gamoneda, Amelia Valcárcel, José Luis Sampedro, Andrés Sorel, Fernando Savater, Luis Mateo Díez, José María Merino, Antonio Gómez Rufo, Paula Izquierdo, Marifé Santiago Bolaños, entre otros. Como la selección de los totales y el montaje son míos, ni qué decir tiene que estoy completamente de acuerdo con sus voces y sus opiniones, que abogan por la unión consciente entre literatura y pensamiento.


domingo, 26 de abril de 2009

UN CUENTO Y UNA ESTATUA PARA ANTONIO PEREIRA

Antonio Pereira, León. Octubre 2008. Fotografía realizada por Twiggy Hirota.


Conocí a Antonio Pereira en octubre de 2008, en el Congreso de Escritores celebrado en León: Pensamiento y Literatura, organizado por la ACE en el Hostal San Marcos. Tenía la misma edad de su muerte: 85 años. Le observé con esa mirada cercana que permite un objetivo de una cámara cuando quieres un plano detalle. Le veía cansado y sin embargo lleno de ganas de vida. Tengo sus manos grabadas en plano corto, esas que tantas palabras han dejado deslizar por el papel para crear relatos. Su cacha, ese punto de apoyo, brillante, por la que deja correr sus manos y su figura. El mismo brillo que permanece en sus ojos hundidos bajo su nariz rotunda.



Antonio Pereira, León. Octubre 2008. Fotografía realizada por Twigg Hirota.


Necesitaba contener su respiración en unos planos para el recuerdo: uno al lado de Gamoneda, el poeta que vivió su infancia en El Crucero de León, lugar donde Pereira conoció a su mujer Úrsula; otro a lado de sus queridos amigos y familia y finalmente el suyo, el que refleja su alma berziana, su poso leonés, su sinceridad y desparpajo para reconocer, con gracia, lo cínico que es el mundo que nos rodea. Como buen leonés y buen escritor de cuentos sus alumnos avezados le rendían homenaje y tiempo a su obra: José María Merino y Luis Mateo Díez. Y él escuchaba desde su tribuna de homenajeado pensando, quizá, cuándo iba a terminar el acto, los saludos, las sonrisas, cuándo por fin iba a poder volver a casa y escribir, poco, pero hacerlo, y meditar en el preludio del nuevo mundo al que se enfrentaba. Pese a sus palabras en alto ante un micrófono, su mirada transmitía la calma del ahora todo esto me da igual. Ni siquiera que fuera en su tierra, ni que llegaran compañeros de profesión, ni que figurara al día siguiente en las portadas del periódico en el que llevaba años colaborando... Ese acto, un homenaje a su obra y su figura, antecedía algo que él conocía muy bien: algo llamado muerte, lo que todos esperamos con la decencia para la que nos prepara la vida. Había asistido a varios premios, desde 1966: Premio Leopoldo Alas, Premio Fastenrath, Premio Castilla y León de las Letras, Doctor Honoris Causa por la Universidad de León, Premio Quevedo del Ayuntamiento de Madrid, y al final, con más o menos personalidades en la sala, más o menos apoyos, más o menos pomposidad, había salido airoso en todos. De él se decía que era, sobre todo, buena persona y un maravilloso cuentista. Entre sus manos se escurrieron las de grandes escritores y pensadores, políticos y otros hombres de carne y hueso que vivieron la guerra y la posguerra española y que la mayoría de ellos le habían dejado solo, y feliz al lado de su mujer Úrsula. Casi todo el siglo XX. Por todos los motivos expuestos, incluidos el de ser leonés (siento tirar hacia la tierra que me crió) le dije que quería entrevistarle para el proyecto en el que llevo meses trabajando y que paralicé durante estos últimos meses debido a la crisis. Hablamos por teléfono en dos ocasiones para ajustar agendas entre León y Madrid (lugares entre los que vivía dependiendo de la estación del año), y más por mi vida acelerada que por sus viajes, retrasé la entrevista. Me gustaba escucharle. Voz afable y nítida, castellano de las montañas, y su caja de resonancia curtida por el frío. El sábado por la mañana removí algunos de los libros que tengo en el apartado de leer y, por azar, se cayó Relatos sin fronteras, de Antonio Pereira y Editado por la Junta de Castilla y León en 1998. El libro tiene en la portada una foto de La Casa Blanca tomada en 1910 por J. Craig Annan. Representa alguien a quien no distingo la cara pescando en un lago en el que se refleja la casa que fotografía el señor Craig Annan. Siguiendo los pasos de Modiano, decir que mi abuelo también era leonés y pescador, sería rizar mucho el rizo de las coincidencias con Pereira ¿algún día en las entidades bancarias de Santo Domingo? ¿En las tiendas de pesca de la Pícara Justina? ¿Se caería el libro de la estantería al mismo tiempo en el que Antonio Pereira expiraba y eso no era más que un aviso para mi de que a partir de ahora ya solo quedaban sus palabras? ¿O sería mi abuelo que al ver llegar a Pereira al planeta de los muertos le reconociera y se saludaran, como en los viejos tiempos, antes de entrar al banco o al tanatorio de León? De una manera u otra siento paz y tristeza. Siento que llevaba su secreto consigo, el secreto de la enfermedad de la vejez que le impidió vivir más tiempo. Y siento no haber pasado con él una tarde cogiéndole esas manos de cuero curtido, preguntándole por la historia de León, la que él vivió, la que vivió parte de mi familia. Y siento que no me pudiera contar, igual que se cuenta un cuento a un niña, todo lo que pasó ese día que él y mi abuelo pescaron una trucha juntos, una trucha imaginaria que entre los dos dejaron libre para correr por el río abajo, dejándose llevar por la corriente, hasta desembocar en un lugar extraño, frío y oscuro.


Antonio Pereira y Antonio Gamoneda, León. Octubre 2008. Fotografía realizada por Twiggy Hirota.

Escucho sus palabras, ahora desde el otro lado, editando sus deseos. Esas palabras que salieron de su boca escondida tras un bigote y una barba blancas, con las que sonrío. Palabras y pensamientos que hicieron florecer las risas y los aplausos de su auditorio leonés:
"Gracias por esta apoteosis que me habéis dedicado en el día de hoy, y que me tiene, no diría yo que fuera de sí, porque yo hablo muy bien, sino fuera de mi (risas) y con algún trastorno psicosomático más de la cuenta. Gracias, repito. Ahora, me pregunto, todo esto tan maravilloso ¿vale para algo? Es decir ¿vais a comprar más libros míos? (Risas). Porque siempre los editores me engañan o es que las cosas no van como deben ir (risas). Segunda cuestión: ¿Todo este éxito va a servir para que los estos mandones que andar por aquí, que organizan todo esto, los soreles, las asociaciones, los grandes mollás, esto valdrá para que me gestionéis algún premio nacional? (Risas y aplausos del auditorio a rebosar). Y ya si no puede ser eso pues haber, la representante, esta chica tan mona, de parte del Alcalde que vino, pues a ver qué me hacen en el Ayuntamiento. Una estatua. Digo yo. (Risas y aplausos). Más bien alta, porque prefiero el agravio de las palomas que las de los niños gamberros. (Risas del auditorio). De todas las maneras el ensanchamiento de mi corazón y satifacciones que hoy he redibido aquí son mayores que ninguna otra cosa y aquí vendría en todo caso, pues ni más ni menos que para estar con vosotros y para esta satifacción inigualable".*
* Texto trascrito de la grabación del Homenaje a Antonio Pereira celebrado durante el VIII Congreso de Literarura Leonesa. Jueves, 2 de octubre de 2009. Hostal San Marcos. León.

Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, León, 13 de junio de 1923-León, 25 de abril de 2009), ha publicado más de 15 libros de relatos y varias novelas.

miércoles, 18 de marzo de 2009

VITA SEXUALIS

Leo en Vita Sexualis la siguiente reflexión: "Observando a mis compañeros de estudio de entonces desde el punto de vista de su tendencia sexual, éstos se clasificaban en dos categorías: los melosos, y los duros o amargosos (por lo que tenían de cáscara amarga). Los melosos eran una ralea que se entretenía mirando las consabidas y curiosas estampas coloreadas. El ya mencionado prestamista de libros solía acarrear a la espalda una alta caja compartimentada para alinear allí los libros a tope. En la base de dicha caja había adaptado un cajoncito, y este cajoncito era el lugar reservado donde -de fijo- se guardaban los famosos ejemplares de las curiosas estampas coloreades. Aparte de este suministro en préstamo del hombre-biblioteca, no faltaban los zooshi o libros de la misma calaña, que algunos estudiantes de entre nosotros poseían en privado. Los amargosos no ponían sus ojos en cosas tales como las susodichas estampas. Había a su vez un manuscrito circulando por allí que contaba las andanzas de un chaval, llamado Sangoroo Hirata, y, éste sí, los amargosos se lo quitaban unos a otros de las manos para leerlo. Cuentan las malas lenguas que en sitios como los pensionados de Kagoshima, este libro es el más leído en las fiestas de Año Nuevo. Es la historia amorosa de Sangoroo, un joven de flequillo, con un compinche suyo de cabeza semirrapada que lo supera en edad. Es una historia de celos, y también de rivalidad amorosa en torno al efebo Sangoroo. Creo recordar que al final de la obra los dos amantes mueren, uno tras otro, en el campo de batalla. También este libro tiene ilustraciones, per no hay en ellas cosas particularmente ofensivas a la vista".

La teoría de los melosos y amargosos (hablamos de un libro cuya primera edición se realiza en Tokio en 1909) me sugiere que, pese a que han pasado 100 años, seguimos dividiéndonos de la misma manera: pelotas y mezquinos. Luego los melosos y amargosos se confunden, unos se convierten en los otros y viceversa, mientras crecen y mientras se dejan influir por lo que les rodea. Igual que estos subgrupos de la naturaleza estudiantil, en cuanto a tendencia sexual se refiere, están miles de subgrupos de la misma calaña social. Poco hemos avanzado en visiones de la vida y mentalidad de grupo. No importa la condición económica que nos rodee. La naturaleza humana tiende al agrupamiento, curiosamente, en nuestra sociedad, estéticamente individualista y, si cabe, egoísta. No hay más que ver, sin profundizar siquiera, lo que nos rodea. Con el valor del dinero por los suelos, algo que en el fondo me congratula, creo que nacerán nuevos grupos sociales que se olvidarán del sexo por una temporada y pensarán en lo que ya llevamos algunos mucho tiempo pensando. Los principios de siglo siempre son buenos para comenzar algo. La decadencia de los imperios es lo que tienen...

Ogai Mori (1868-1912) el autor japonés de Vita Sexualis, también vivió en un periodo de transición entre el régimen feudal de Tokio y el estado moderno que se avecinaba. En sus líneas, que se leen con una sonrisa nada despreciable, se sustenta una realidad que nos sirve de espejo. La educación sexual de un niño en una época de cambios. Me gustaría creer que el ocaso va a ser rápido, que la educación se inicia en la niñez y que lo que viene es mejor que lo que había. Peor, imposible.
Vita Sexualis. El aprendizaje de Shizu. OGAI MORI. Traducido por Fernando Rodriguez-Izquierdo. Editorial Trotta, 2001.

viernes, 13 de marzo de 2009

HUEVOS PODRIDOS

Tomé un café en un garito alternativo con Felipe. El lugar estaba plagado de funcionarios. Me comentaba -bajando tanto la voz que me resultaba difícil comprenderle con nitidez- que estaba ofendido porque la vecina de enfrente le había tirado unos huevos en la puerta de casa. Se arrepentía del día que llegó con un informe rápido y sacando las cifras al vuelo y me lo había dado en la mano:
- Publícalo en tu blog, se lo he pasado a varios medios de comunicación y todos lo han rechazado.
- Por supuesto, es un informe breve, malo y poco contrastado.
Eso había sucedido tiempo atrás. Pero ahora pagaba las consecuencias. Su vecina, funcionaria de pro donde las haya, le había bombardeado con huevos podridos y había escrito con boli, como si la madera pudiera estropearse con tinta azul, la siguiente frase demoledora:
-Reaccionario de mierda. Empresario patético. Que sepas que si no hubiera funcionarios no habría consumo, ahora que está todo el pescao vendido. ¿Ibas tú a sustentar el país?
Felipe seguía susurrando entre sorbos de café, tras sus gafas ahumadas, para no ser reconocido -y eso que era un donadie-. Seguía convencido de lo que decía, pese a lo ¿bien? que funcionaba el sistema administrativo de los franceses o los americanos, pero en su país no le convencía el uso y el abuso de unos ejemplares únicos. Claro que puestos a analizar:
- ¿De quien era la culpa?
Su amigo Leandro justificaba la necesidad del funcionariado, en la educación, la sanidad... Of course, of course, repetía Felipe con su acento de inglés de barrio bajo. A mi no me importa que haya lo que tiene que haber, pero de calidad ¿eh? Y sino miren y vean el panorama del españolito. La queja incipiente y rastrera de "la culpa siempre es del otro" y esto no funciona "porque aquí el que no roba, vuela", etc. etc. Felipe seguía relatandome un discurso cadudo y aburrido. Yo, con cierto estímulo escondido bajo la solapa de mi gabardina, sonreía cínicamente pensando en los huevos podridos, la frase de la vecina, y sobre todo el careto asimétrico de Felipe viendose acosado por funcionarios enaltecidos y orgullosos de su especie. Qué bonita y sencilla es la vida.
Los funcionarios, en su hora del aperitivo, tomaban una cerveza rápida, la mayoría sin, y salían pitando a sus puestos de trabajo. Se acabaron las quejas en este sector. "Da gracias a que tienes un trabajo, no importa si estampas sellos en cuartillas con membrete oficial o si sabes que todos tus jefes son corruptos... Suceda lo que suceda te callas". Felipe les miraba atravesado.
- ¿Por qué, con lo grande -relativamente- que es esta ciudad hemos tenido que venir aquí, si está lleno de tipos que me quieren cortar las orejas por mis opiniones?
Le respondo amablemente que se termine el café que sino se le enfría.
-No te preocupes, Felipe. Los bares están llenos de jóvenes que viven en casa de sus padres y de funcionarios que tienen sueldos a final de mes. No es que yo te haya traído, es que no hay mucho más por esto lares. Los tipos como tú, empresarios de clase media, ya no tienen ni para sonarse los mocos porque el balance de gastos e ingresos no existe, porque la administración y los clientes no pagan, porque los que roban y vivían en esta jungla están todos en el punto de mira -menos mal, y lo que queda- y porque aquí es mejor tirar balones fuera que aceptar que se es incapaz de meter un solo gol. La elegancia, la disciplina y el savoir faire distan mucho de lo eres y lo que te rodea, Felipe.
Se levantó tras su último sorbo de un café ya frío y con posos amargos. Se alzó las gafas y me miró sin parpadear, paladeando cada tonillo odioso de su entonación de hombre mediocre:
- Que sepas que respeto todo lo que dices. En parte lo comprendo, aunque no lo acepte. Pero que lo que peor llevo de todo es saber que el único amigo que tengo -dicho sea de paso- seas tú: un simple funcionario.
Le corregí sus palabras:
-Sencillo. Un funcionario sencillo. Humilde, si cabe.
Pagué la cuenta y me fui. Ahí dejé a Felipe, de pie, mirando al infinito, pensando en la crueldad de las oposiciones, los libros, las letras, los exámenes, la competición, el club de soldados grises de pelo rasurado, las paredes, el papel convertido en dinero. Lucio. Lucio. Planchas para hacer dinero. ¡Qué perdido estaba! Aquel verano del 89, mientras Felipe movía sus caderas ajustándose al movimiento de las extranjeras en las playas del sur, yo me mordía las uñas empollándome el sistema de la administración del estado español. Y confieso: no fue nada agradable.

miércoles, 25 de febrero de 2009

PRESENTACIÓN LIBROS RELATOS

Librería Muga, jueves 26 de febrero de 2009, a las 19.00 horas...

Presentación colectiva y lectura de textos de varios autores. Presentarán las nuevas publicaciones "La soledad" (con relatos de María Cruz Villar Ruiz, Andrés del Arenal, Conrado Arranz y Marta Robles) y "La crueldad" (con relatos de Teresa Galeote, Minke Wang y Twiggy Hirota).

1. LA SOLEDAD

“La otra orilla”, María Cruz Vilar

Trazó un plan, él estuvo de acuerdo. Aquella monja tuvo la culpa; si les hubiera dejado hablar un rato todas las tardes antes de la cena, sentados en el banco junto al estanque de ranas de colores, no hubieran tenido necesidad de cambiar las cosas. Fue la monja, celosa del amor que los dos sentían y que no ocultaron al mirarse en la capilla, en el comedor, en el paseo, siempre vigilados por aquel alma del diablo con cara angelical; sobre ella caería el pecado, si es que existía justicia divina.

“La carga del Bombay”, María Cruz Vilar

—Tú nos diste un entorno, cuerpo, voz, sentimientos, vida.
—¿Soy Dios?
—¡Virgen Santísima! ¡No!, pero nos conoces a todos mejor que nosotros mismos, aunque no recuerdes nada. No te preocupes, a medida que «El Bombay» se aleja de tierra, irán volviendo las imágenes de lo que fue tu vida y sabrás quién eres y quienes somos, poniéndonos a cada uno en el lugar y en el tiempo preciso.

“Costumbres”, Andrés del Arenal

A veces me sorprendo pensando en lo importante que es lo contingente para la seguridad personal; cómo toda costumbre es una referencia de la que nace un asidero inmutable porque-es-imposible-que-falte. Y si la mayor parte de nuestra vida es costumbre, esto es, aburrimiento, falta de exaltación, ¿a qué resignarnos sino a esos pocos momentos rupturistas que, por eso mismo, permanecen en el recuerdo?

“Crónica de un día”, Andrés del Arenal

El pequeño se divertía visiblemente. Reía mucho cuando era impulsado a las alturas. Reía más cuando era regresado a tierra. Sin embargo, el vaivén del sube-baja fue espaciándose. El pequeño era suspendido durante más y más tiempo en las alturas. Ya no se divertía tanto. Ahora era el grande quien reía. Cuando el pequeño comprendió que, por más que presionara su cuerpo con fuerza, no serviría de nada, soltó a llorar. El grande ahora reía a carcajadas. No sé por qué, en ese momento pensé en la vida.

“Espejos”, Conrado Arranz

Al verla, miré hacia la salida para encontrar a la persona que había estado allí; la silla en la que me había sentado aún estaba caliente y mullida a un acomodo extraño. En la servilleta había varias frases escritas, de las que sólo recuerdo “el tiempo trata de matar al hombre” y unos puntos suspensivos con un eterno recorrido que terminaban en el límite entre el papel y la mesa.

“La huida”, Conrado Arranz

Todas las noches paseaba por los escaparates y soñaba que los rompía en pedazos y colocaba los maniquíes en posturas obscenas. Después agarraba todos aquellos collares y los unía: las perlas con la obsidiana, la madera con los diamantes; construía con ellos una horca para esas figuras humanas que eran incapaces de hablar. Rodeaba su suave cuello y tensaba las joyas y adornos hasta anudarlas a los focos que iluminaban la escena…

2. LA CRUELDAD

“Sólo se abrió nuestra puerta”, Teresa Galeote

El maestro tardó algunos meses en recuperarse. Pasó a darnos las gracias a Víctor y a mí; a decirnos que sentía cuanto había pasado y que se incorporaba al trabajo, aunque su laboriosidad sólo duró hasta finales del año 1939. Llegaron de madrugada. Le sacaron a empellones de su casa y no volvimos verle nunca más. Quizá hubo gente detrás de alguna mirilla, pero sólo se abrió nuestra puerta.

“La misión”, Teresa Galeote

Cuelga el auricular. Su figura va quedando desdibujada en la penumbra. La gran bandera reposa sobre el pendón. En ese preciso momento recuerda las palabras del alemán Goering en el juicio de Núremberg: "Naturalmente, la gente común no quiere la guerra, pero después de todo, son los dirigentes de un país los que determinan la política, y siempre es un asunto sencillo arrastrar al pueblo. Ya sean que tengan voz o no, al pueblo siempre se le puede llevar a que haga lo que quieren sus gobernantes".


“Reliquias de la guerra”, Twiggy Hirota

El pozo tenía siete metros de profundidad. Es de lo único que nos enteramos cuando apareció el cadáver reseco y descolorido. Debía llevar allí años, curtiéndose como una momia embalsamada en sustancias de otros tiempos. Claro que el abuelo, cuando vivía, nos llegó a explicar que ese pozo era estéril, ya no daba agua desde el mismo año de la guerra del 36.

“One shoot, some lines”, Twiggy Hirota

Estabas habituado a Glen, poder hablar con él en portugués de conocidos comunes. La fábrica. Maldita fábrica. Glen trabajaba en construcción. Duró tres meses a tu lado y un buen día te dijo que se iba. Lo siento amigo. Voy a por el oro. Glen estaba obsesionado con el oro de la guerra que habían enterrado las familias asturianas en las mountains de los Picos de Europa. Luego algunos miembros morían asesinados, otros desaparecían, otros huían. Y el oro se quedaba allí. Allí sigue.


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