lunes, 15 de diciembre de 2008

HUELLAS DE BASHO EN NIKKO


La teja gris y roja resplandece bajo un día de color plano. La niebla se espesa cuando el tren avanza hacia el interior, camino de Nikko. Podría haberme decidido por otro lugar, pero Nikko fue una parada del sensei japonés Matsuo Basho (Ueno 1644- Osaka 1694) y trato de recorrer su camino. Hoy, aparte de la niebla, de los niños y jóvenes uniformados y de unos pocos mochileros con mi mismo destino, no hay alpargatas para caminar tantos kilómetros y desesperar; todos utilizamos los medios de transporte para ahorrar tiempo. Ese tiempo preciso de Basho, ese Japón de shogunes, ninjas y samurais. Poco queda de eso. La westernización de Japón es demasiado evidente a los ojos del viajero. Los móviles le quitan verosimilitud a la gran contemplación de la naturaleza, la velocidad a la distancia luminosa, el hierro y las vías al orgullo terrenal. No hay kilómetro que no se venda al comercio.
Por fin me alejo de las ciudades y del país limpio e impoluto reconstruído en gran parte después de la Segunda Guerra Mundial. Los pinos miden más de 20 metros y el campo se abre ante mis ojos. Este sí se acerca más al Japón de mis antepasados, más bien el que busco. Fubasami, la entrada a la montaña. El tren vaciándose. Los uniformes caminando por el arcén con sus móviles a todo correr: videojuegos, mensajes, noticias, chateo, internet. Las casas bajas y la agricultura se abren paso entre hermosos bosques que culminan en montañas verdes y rojas y amarillas. Las máscaras dormitan agachando sus cabezas mientras el tren de JR traquetea acunándonos. Chirrían las ruedas y el tren se deja querer y engullir por los bambús que bordean las vías a lo largo del camino. Ahora entro en lo profundo. En ese caminar abatido y consciente de un poeta. En la niebla clara de un día sin dueño, por fin; del lugar que me regaló unos genes dulcificados. Hay teenagers acnéicos y con pelos negros y gruesos en las piernas. El vagón parece protegernos de una temperatura inapropiada, el calor subiendo por los pies, la sangre espesando y un sueño de espera llevándonos hacia el corazón de la isla.
Yo quería caminar al lado de Basho. Recorrer durante unos años sus huellas y caer moribunda al final del camino con la seguridad de haber contemplado y comprendido la esencia de la naturaleza y con ella al mismo hombre. Pero nuestro ritmo frenético nos lo impide. Otras obligaciones capitalistas y consumistas nos atrapan en su red y no nos dejan salir. Hace poco leía que la mujer japonesa ha cambiado de hábito en el vestir para adecuarse a la vida laboral, mucho más evidente después de la guerra. El kimono, aparte de caro, es inapropiado para el ajetreo y las prisas. Yo también visto con pantalones, tampoco consigo salir. Y sí, quiero. Aunque hago lo que puedo por escapar de vez en cuando. Esa vez caminaré parte del camino, desgastaré mis suelas de goma, para hacerlo a un ritmo propio, tratando de aunar modernidad con esencia de la naturaleza, niebla con decoro y virginidad con sabiduría. El interior y la montaña siempre atrapan al viajero, aunque quiera escapar a la costa para ver el mar pensando que algún barco mercante vendrá a rescatarle y le sacará de la isla. Al fin y al cabo todo son islas, mayores o menores, pero vivimos a la deriva, movidos por la furia de los océanos. A mis pupilas llegan las imágenes de pequeños pueblos y pagodas que todavía se mantienen desde hace siglos, de la época de Edo, anterior y posterior. Hondas y Mitsubishis de cuatro ruedas, casi nuevos, aparcados a las puertas. Un árbol rojo intenso de pocas hojas en medio de un llano rodeado de montañas trata de competir con el gris metalizado y rabioso de la economía nacional. La crisis mundial, ante la precaución financiera por reducción de importaciones y exportaciones, pide menos vehículos. Aunque el imperio más antiguo de la época moderna, que todavía pervive, se siente seguro y con fuerzas. Puedes preguntar a cualquiera en la calle que te dirá que el yen está fuerte. Y es difícil rebatirle.
El tren está llegando a su destino. La sonrisa de una mujer fea de manos venosas se ilumina con su bufanda rosa. La veo hermosa y radiante con la mirada antigua, sacada de los primeros grabados del siglo XVII. Fuera hace frío. Casas, coches, bicis, labios brillantes, mochilas y una estación casi solitaria. Una voz masculina anuncia en japonés la nueva y última parada del viaje: Nikko. La niebla me da la bienvenida y camino, con mis 15 kilos de peso extras, hacia la parte más alta, en busca de las huellas de Basho que se encuentran justo al salir el sol, bajo una manta espesa de líquenes, musgo y palabras nacidas del espíritu y la filosofía oriental: del mismo zen.

Matsuo Basho es el primer gran maestro del haiku, le siguen Yosa Buson (1716-1784), Issa Kobayashi (1762-1826) y Shiki Masaoka (1867-1902). Ellos conforman los cuatro grandes maestros del haiku japonés.

I´LL QUIT

You know when you say something and then something totally different happens and everything turns the other way? Ok. Today I saw plenty of places for smokers as I was walking in the gaikokujin (foreiners and visitors) area: Harajuku and Shibuya. This areas are kind of trendy, modern, commercial, fashion, crowded, consumist... Uffff, too much. Do you heard about Harajuku Girls? This young ladies they love cosplaying (costume play) and anime and manga things? There´s plenty of them here. I saw some of them while filmings and smoking. But after yesterday´s discussion in the blog I decided to smoke only in any allowed place I could find in my way. And from 11:00 to 18:00, the time I was in the area, I saw more than seven places to smoke. So I smoke more than I used to. But last cigarrette in the JR lines going back home took my attention when I saw something like follows: non smoking hours from 7:00 to 9:00, exactly Tokyo rush hour when trains are full of people. Interesting though!

Having the fact that normally I only see two or three smoking areas in the street per day I can say that is was a good reccord. At the end of the day I was tired of smoking this Marlboro Lights that has no taste at all. For me red box in Japan tastes the same than Marlboro Lights in Europe. Not sure but there´s plenty of different names, lights, extra lights, extra extra light, menthol... But one at the end use to have their own preferences. So while smoking it will be the same shit, not a different one. But I´m really sure I´ll quit very soon. It doesn´t matter what the rest of the people decide. Meanwhile let´s smoke in an allowed area. Why not?


domingo, 14 de diciembre de 2008

TO SMOKE OR NOT TO SMOKE

Last time I was here in Tokyo in 2005 I realized people smoked lots. I mean it was already not allowed to do it everywhere but I could see lots of smokers. Suddenly going back three years later to Tokyo I see there´s a new law that doesn´t allow to smoke in the streets, only in certain points (you can get mad looking for one).



It all began in October 2002 in Chiyoda district to protect passive smokers and maybe as a way to create a public opinion about, to see how Tokyo people dealed with it. So then this law extended to the rest of the city and in 2004 was rude to smoke in the street and you could be fined even with 20.000 yenes fee. BUT now I´m really feeling the contradiction of this: first is good for passive smokers, as it should be, second is good to see the streets as clean as it corresponds, third is good for a healthy life. In the other hand sometimes I feel like I´m a kind of bad person smoking in public, I hide, even though Kanako´s friend bought me an special pocket astray just in case a police stops me in the street. Almost everywhere you can see images on the floor about 40 centimeters diameter: forbidden smoke. Of course I saw some people smoking in public, 99% of the times in the special places adecuated to it.



It is not a critic itself. It is ok if it is good for the majority, but in my case I arrived here knowing that I didn´t wanted to smoke anymore. Once I saw that it was more extreme than I expected, forbidden almost everywhere, I began to panic so I decided to smoke. No big deal though feeling you are doing something naugthy and looking for a place where to leave the butt. But I´m wondering if there were not such a law I was smoking or not. Anyway, too many people in here and it is good to know about the respect for the others in spite we are talking about a public space. Maybe someday smoking in public is like getting naked. Who knows! I´ll ask my lunges what they think about it.

jueves, 11 de diciembre de 2008

HOMBRES DE COMPAÑÍA

He pasado dos días en Shinjuku y en la zona de Kabuki-cho, en el centro de la gran ciudad de Tokio. Para todos aquellos vírgenes en materia simplemente decir que Shinjuku es un lugar sorprendente, sobre todo para los viajeros ávidos por conocer cosas nuevas. Imagino que los que viven por aquí y se pasan los días rodeados de tiendas, comercios, otakus y hombres de compañía todo les resultará de lo más normal. Pero normal, lo que entendemos por normal, no es.




Ayer por la tarde (a partir de las 4 aquí ya es de noche) estuve grabando a Isabel Coixet que está rodado Map of the Sounds of Tokyo. La secuencia se desarrollaba en Kabuki-cho, con Sergi López y Rinko Kikuchi. Terminan el rodaje em Tokyo el 23 y continúan en Barcelona en enero, 2009.

Por una de esas interesantes casualidades de la vida me encontré con Aitor Berenguer, con el que trabajé en dos pelis, y tiene nada menos que 55 títulos en su currículum. Es un crack del sonido, de los mejores, fascinado con Tokio tras cinco semanas de rodaje. Básicamente alucina con todo en la zona, igual que todo el que llega por primera vez.

Mientras hablábamos de lo que nos queda por ver y los nuevos rodajes en España pasaban coches de los yakuzas, lentamente pues las calles en esta zona son estrechas, con las ventanas de atrás ahumadas y en algunos casos cortinas. Kabuki-cho es la zona donde viven los yakuzas, donde hay más love hotels de la ciudad de Tokio por metro cuadrado, donde viven los inmigrantes coreanos y donde el sexo se mueve a un ritmo trepidante.





He vuelto al día siguiente. Con la luz los lugares cambian casi de forma y la fauna que habita el área se mueve a un ritmo diferente. Me he dedicado a hacer fotos, con mis andares de turista, aunque un francés que me encontré por la calle me dijera que parecía japonesa y yo a él que parecía español... Básicamente, pese a mi interés personal, le había prometido a Leandro Herrero, que tiene un blog que mola, y que está añadido a los links de esta página, que le enviaría fotos del Tokio que él quiere ver, y no tanto surfero y tanto templo. Pues bien, ahí van las fotos para deleite de sus ojos. En mi caso llevo días comiendo poco por la boca. Lo hago con el resto de los sentidos: la vista, el olor, el sonido, el tacto... Lo poco que como es sushi, sashimi, gyoza, wasabi en cantidades asombrosas, ocha (te verde) y de vez en cuando helado de matcha.



Aparte de la locura de los love hotels que los japoneses usan a diario ya que muchos jóvenes viven con sus padres y van ahí con sus parejas, descubrí algo que desconocía y que me ha llevado toda una tarde comprender. Hay unos tipos peculiares, todos clavaditos de imagen, mismo corte de pelo, similar color, ropa exquisita y aparentemente moderna, cejas arregladas, mirada coqueta y andares de loca en fase soy cool, que viven de las mujeres. Esto, a simple vista, ocurre en todos los lugares del mundo. Pero en Tokio hay cientos, se anuncian en grandes carteles con sus caras bonitas, tienen sus rankings top ten y además, por lo general, no practican sexo.



Son hombres de compañía que reclaman las mujeres durante unas horas para pasar el rato. Cobran por estar con ellas, por su charla e imagino que por su look, para mi gusto desagradable. Lo cierto es que estos jóvenes se creen guapos y se contonean por las calles de kabuki-cho, su territorio natural, como si fueran irresistibles. Compran en Loewe y en Channel, los que pueden (imagino que del top five para arriba, que ganan más, pueden llegar a ganar hasta 9.000 euros al mes). Las japonesas, algunas extranjeras también, se los rifan. Les hacen todo tipo de regalos y ellos, algo totalmente previsible, se dejan querer. Isabel Coixet ha metido alguno de extras en la peli y yo les he congelado en la cámara. No tenía ninguna intención de pasar un rato con ellos ni pagar por sus servicios.

De momento me vale con los japoneses normales, esos trabajadores de trajes negros, azules y grises que pueblan los metros y los trenes de la ciudad. Esos cuya timidez me abruma y me recuerda que la educación japonesa, en algunas pocos aspectos, básicamente emocionales, está un poco demodé. También me ha sorprendido encontrar tiendas de ídolos masculinos en el barrio coreano y como señoras de todas las edades se volvían locas buscando y comprando al guapo de sus sueños.



A saber que harán con la dichosa postal ¿la pondrán en el coche como si de un santo se tratará? ¿Bajo el futón o la almohada de bolitas que es tan incómoda, aunque dicen que sana? ¿La llevarán en el bolso y la sacarán en aquellos momentos privados cuando van al baño? Lo ignoro, pero reconozco que me he quedado con ganas de preguntarlas. Después de caminar entre los hoteles del amor con una temperatura de 16 grados me he ido a la calle más comercial de Shinjuku a comprar varios libros a Kinokuniya, una de las mayores cadenas de librerías de Tokio.


La de Shinjuku tiene ocho plantas y en la séptima se pueden encontrar publicaciones en inglés y francés. He adquirido un dos libros de Osamu Dazai, dos sobre la historia de la literatura japonesa, uno sobre cultura japonesa y un fantástico libro, The Haiku Handbook, de William J. Higginson. En él encuentro un haiku del sensei Konayashi Issa (1762-1826), uno de los grandes:

aki no yo ya / tabi no otoko no / harishigoto

que traducido al inglés dice:

autumn night... / a travelling man´s / needlework

OYASUMI

martes, 9 de diciembre de 2008

VOLAR AL PARAÍSO

Daibutsu, Gran Buda, Kamakura. Japón. 7 de diciembre, 2008.

El día que volvió mi abuelo español yo dormía placidamente en Kamakura después de dedicar la mañana fría y soleada a visitar el Daibutsu y la Bahía de Tokyo con Yoshi y la tarde a buscar un manga en inglés en varias librerias que finalmente no compré. Como era su costumbre, apareció sonriente y rejuvenecido después de un tiempo en el que todos en la familia le habíamos dado por desaparecido. Me sorprendió verle, es más, casi le daba por muerto. Comentó que él siempre había estado pensando en nosotros y que no había dado señales de vida porque no hacía falta. Yo seguía sin creer que fuera él. Le tocaba y le miraba sin cesar hasta que me convencí de que no era una alucinación. Mi abuela, con ese savoir faire que le caracteriza, tarareaba una canción, contenta con su regreso después de tantos años, y preparaba el desayuno en la cocina como si no hubiera pasado el tiempo. Al verla tan convencida y relajada ante la vuelta de mi abuelo supuse que no era un farsante como en un principio llegué a creer. Él llevaba un polo verde y se comportaba con excesiva normalidad. Se acercó a mi lado y me dijo en tono franco y sincero que este sí le gustaba para mí. Entonces supe que era mi abuelo de siempre. Él sabía y sabe, mejor que nadie, lo que es o no es bueno para los suyos. Escuchándole entendí que volvía tan solo para que no me perdiera de nuevo. Espero que así sea, le contesté -mi abuelo, con el tiempo, demostraba que siempre tenía razón. Aunque ese tiempo sea tan elástico como una goma, o la boca del Daibutsu de Kamakura, o las velas de windsurf que surcar los mares dejándose llevar por la brisa marina. Me alegré de que así lo viera. En el fondo, pese a mi cerrazón, quería creer lo mismo. Me levanté y recogí el futón. Terminé de organizar el viaje a Sendai: la cámara, el trípode, la bolsa de aseo... Y me fui contenta de haber visto a mi abuelo, de que hubiera vuelto y de saber cuánto le echaba de menos. Él se quedó desayunando con mi abuela. Les veía a los dos unidos, como siempre, tranquilos, viviendo el día a día con la normalidad pasmosa que lo viven las parejas que llevan muchos años juntos y poco tienen que decirse pero saben hacerse la vida fácil. En Sendai, después de grabar en el templo zen Tsutsujigaoka Temman-gu Shrine que visitó Basho en su viaje por el norte de Honsu busqué el Ryokan más cercano: el Senday Chitose Youth Hostel. Después de pagar al entrar 4.500 yenes me acomodé en una habitación individual de 6 tatamis y me acordé de mi abuelo. Por una vez le daba la razón a la primera. Era bueno para mí. Aunque los dos sabíamos lo que significaba que el tiempo le diera la razón. Con la distancia le echaría de menos. Aunque viéndoles a los dos juntos en la cocina entendía que ya era mi momento para empezar a volar, igual que las gaviotas que surcan la bahía de Matsushima en busca de comida. Volar al paraíso, como ya hizo Basho en 1689, es una buena opción de vida y eso, cualquier abuelo que se precie, lo comprende.

domingo, 7 de diciembre de 2008

ESTUDIO DE DANZA KAZUO ONHO



El atardecer en Yokohama es soleado. Son las tres y media pero apenas queda media hora de luz razonable para conseguir buenas imágenes en el exterior. Noriko y yo salimos del metro Kami-Hoshikawa y caminamos cinco minutos entre casas bajas y escalinatas que parececen llevarnos al cielo. Antes de culminar está la entrada del Estudio de Danza Kazuo Onho, el sensei de Butoh. Hace meses leía por internet sobre el este lugar donde gente de todos los rincones del mundo va a perfeccionar la técnica de esta danza espiritual. Sin buscarlo, como suceden muchas de las cosas buenas, he llegado al lugar, humilde y discreto. Acompaño a Noriko que va a grabar los ensayos para el documental del sensei Kazuo Onho en el que lleva tres años trabajando. Él vive al lado, con 102 primaveras, dentro de una casa típica japonesa y tumbado en una cama desde hace tiempo, sin hablar. Su hijo imparte ahora las clases y supervisa cualquier pequeño desliz de los pupilos. Es impresionante ver lo avanzado de técnica, la silla donde pasó muchas horas sentado Kazuo Ohno, la foto de Imperio Argentina colgada desde hace lustros de la pared, el impresionante libro The Butterfly Dream de Eikoh Hosoe que retrata la vida de un hombre dedicado en cuerpo y alma al arte internacional que él mismo fundó... Mientras los pupilos ensayan: La precisión del cuerpo definiéndose en movimientos, la tensión acomodada en la belleza. Estar donde uno quiere estar casi sin saberlo. Y el espíritu de Kazuo Ohno, unos metros más allá de las paredes, viéndonos en silencio. A la mayoría de los japoneses que preguntas sobre Butoh ignoran lo que es. Sin embargo son muchos los que fuera del país se dedican a esta danza y siguen los pasos del maestro. Somos muchos los que poco a poco entendemos la denuncia en la exquisited y la expresión corporal, eso de lo que somos conscientes, lo palpable unido a lo etéreo. La filosofía del cuerpo y del alma unidas en la precisión de un movimiento que te atrapa, y una vez que lo sientes ya no puedes escapar. Arigato Gozaimasu, sensei Ohno.

Tiziana Longo, Seiji Tanaka, Noriko Kawakami and me. (No recuerdo el nombre del bailarín de atrás)

Tiziana Longo actua en Kagurazaka el 12 de diciembre a las 20:00 en Session House. Tokio.

sábado, 6 de diciembre de 2008

ENCUENTRO CON BASHO

Estatua de Basho, mirando al río Sumidagawa. Tokio. 4 de diciembre 2008.

Abrazo a Basho sobre una piedra, mirando el río Sumidagawa y los barcos al pasar. El sol nos pega en la cara, radiante y coherente con un entorno idílico y la naturaleza escondida entre puentes, carreteras y grandes edificios. Tokio es nuevo o casi nuevo gracias o por desgracia de los americanos. Anoche lo hablaba con Kanako y con Yoshi y opinan lo mismo. Pocos reductos quedan que mantienen la estética del periodo Edo. Los dos, Basho y yo, miramos con sorpresa la megalópolis que se extiende más allá de nuestras miradas solitarias mientras pensamos en construir un hermoso haiku. Y para celebrarlo me voy sola a comer maguro moriawase sobre hojas de oba al gran restaurante típico japonés Sakana no Dojo. Basho sigue observando el río en la quietud que le caracteriza mientras yo tengo delante un luminoso con imágenes de barcos y pescadores de la época de Edo, época en la que vivió el poeta. El cocinero me sirve el sashimi y el ocha mientras yo fumo un extra light. Echo de menos a Basho entre el humo y el wasabi. Él bien podría acompañarme y contarme sus largos viajes. Sería, sin duda, una buena pupila y al tiempo le hablaría de otros viajes y otros mundos. Todo lo que hay dentro de una mirada inquieta es lo que da sentido a la vida. Y nuestras inquietudes, las de Basho y las mías, hace tiempo que se unieron.

jueves, 4 de diciembre de 2008

KATASE BEACH, SHONAN






Estas son algunas de las fotos que hice al llegar a Tokio desde Madrid: 12.598 de distancia. Aunque parezca primavera están tomadas el 30 de noviembre de 2008, dos horas después de aterrizar. Ayumi, Tadashi y Toki me llevaron a uno de mis sitios preferidos: las playas de la zona de Shonan, en Kamakura (a una hora de Tokio centro en tren). Fue la capital de Japón entre los años 1185 y 1333, durante el periodo Kamakura, conocido como un momento de grandes cambios políticos, militares y religiosos. Hoy lo más turístico de la zona es el Daibutsu, el segundo buda más grande de Japón, que todavía no he visto ni tengo demasiada prisa por ver, aunque vivo a unos minutos de distancia en bici. Hay tantos budas en los templos de todo Japón, que son unos pocos, y que además el budismo pega fuerte, que dedicar el tiempo a ver ese dispendio, poco me importa. Ahora, que ya no vivimos en el periodo Kamakura, lo mejor de esta zona son las playas, llenas o vacías... Dani me comentaba hace poco por el Facebook, después de colgar las fotos, que alucinaba con que hubiera tantos surferos en Japón. No es que haya tantos surferos, que sí, pues ver más de cien puntos negros esperando olas impresiona, sino que hay mucha gente y proporcionalmente hay más de casi todo en comparación con España: gente, comida, máscaras, maletas, carteras, abrigos, gorros, coches, bicis, tiendas, estaciones de metro, campos de fútbol, beísbol, empresas, dinero, libros, educación, limpieza...

SOBREPESO CON DESTINO A TOKIO

Katase Beach (al fondo Fujisan) , Sagami Bay, Shonan, Tokyo. 30 de noviembre 2008.


Las maletas recién cerradas. La inercia de un año sin sentido que no se si meter o no en la maleta. Aunque soy consciente de que el sobrepeso nunca ha sido nada bueno. Barajas. Heathrow. Narita. 15 horas de vuelo y un día de perros. Kilos, pasillos, ruedas, plástico, producción, pasajeros, controles… La noche anterior apenas dormí pensando en que hay cosas que se deben dejar porque no caben en la maleta. Me puse de mal humor. Aunque eso no es más que un síntoma de que lo que uno quiere verdaderamente es llegar. Algunos dicen que el viaje es lo importante, que durante el mismo suceden cosas que cambian la percepción del mundo, pero a veces el viaje físico no es más que un mal necesario para llegar al destino. Ese que llevaba muchos meses esperándome. La noche anterior se convirtió en una pesadilla de agenda mental: que llevo y que dejo, como conseguir menos peso y más espacio, como resolver lo que uno quiere hacer con lo que debe hacer. Analizo cosas tan sencillas como por qué a los que vuelan en clase turista solo les dejan llevar una maleta y a los demás hasta dos. Todo se resume en lo mismo: las clases. Siempre ha habido clases. Y no dejará de haberlas nunca. No importa el lugar donde uno viva o viaje. El dinero lo puede casi todo. El día de perros se convierte en noche tediosa, la que surge de manera improcedente durante el vuelo, viajando en el tiempo varias horas más tarde. Una parte del mundo moviéndose a un ritmo y mientras la otra duerme y viceversa, una disfrutando del calor y la otra helándose de frío. También el dinero podría con este conflicto temporal y espacial. Al vivir a otro ritmo me despego del otro, casi como si pudiera, y los mensajes que llegan de lejos dejan de tener la intensidad de la cercanía y la posibilidad. Tienen otro tipo de significado…
Diviso parte la isla que bombardearon los americanos en el 45 desde los B-29, Kashima y el Cabo Inumo, en el área de Tokio. Grandes espacios de plantaciones de alimentos coloridos: rojos, verdes, azules, morados. Sin duda una caricia para los ojos acostumbrada a la sequedad castellana o el verdor del norte de Europa. Unos cuantos campos de golf empequeñecidos por la distancia me dan la bienvenida y todo cuanto sucedía hace unas horas deja de tener sentido. No hay nada en el mundo que me importe más que disfrutar del momento, aunque muy pocas veces lo consiga. Y cuando eso sucede uno debe celebrarlo. Lo hago con una sonrisa y una sencilla sensación de haber llegado a casa, aunque no me entienda con la mayoría de la gente. Aquí disfruto del placer de la armonía y la humedad que tanto me gustan. Si acaso algún pequeño coletazo de tristeza ante lo que no cabía en la maleta… Cosas que ocupaban demasiado y no servían para mucho, pero nada que no pueda ser olvidado cuanto antes. La invasión de aquello que no merece la pena no debe ser tenido ni en cuenta, me digo. Y así aterrizo en la isla de mis antepasados. Con agotamiento, con cierta debilidad y con la buena sensación de que el viaje de verdad no ha hecho más que empezar, que todo lo anterior no ha sido más que un ensayo.
La industria y la economía japonesas se destacan con fuerza desde ese cielo que llovió cantidad de bombas el siglo pasado. Las únicas consecuencias visuales que quedan de ello es que todo es demasiado nuevo. De Narita a Kamakura, al Shonan, uno de mis lugares preferidos… La playa de Katase, después de 20 horas entre coches y aviones, con más de cien surferos disfrutando del agua y del sol me recuerda que la vida es un sinfín de subidas y bajadas. Como las olas. Como el surf. Y ahora toca lo bueno. Un atardecer de regalo, una luz de ensueño y una bienvenida calurosa. Me arrepiento hasta de haber llevado maletas, aunque una sea la cámara. Podría haber llegado sin nada, casi desnuda, y empezar de cero. Podría hacerlo sin dudar ni un segundo. Habría sido, ciertamente, lo más sensato. Y lo es para todo aquel viajero que tenga apego al sobrepeso. Vaciar siempre es bueno. Y cada vez creo más que necesario. Si decido volver, lo haré sin maletas. Me han tenido esclavizada y eso no es nada bueno para la salud.

martes, 25 de noviembre de 2008

STORYTELLING



Hace seis días caminaba por la plaza de Alonso Martínez sumergida bajo mis pensamientos y tapándolos con la bufanda de mi bisabuela. Sin verle venir me tropecé con un señor con una maleta gris claro. Y mis carpetas, su agenda y su libro cayeron al suelo, creando un gran caos entre sus papeles y los míos. Los dos, como en los mejores planos preparados de las películas, nos agachamos a recoger lo que suponíamos nuestro. Nos pedíamos constantemente perdón mientras recogíamos un papel por aquí, una nota por allá, una hoja que volaba y que los dos intentábamos coger al vuelo... Así hasta que lo único que quedó en medio de los dos fue un libro de tapas blancas en el que se leía: Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Como él no hacía ademán de cogerlo, aunque yo era consciente de que no era mio, me agaché y lo cogí. El peso era el adecuado para mis escapadas en tren o en avión después de un guión terminado. Así se lo hice saber. El señor de la maleta gris, al que después de unos minutos creí reconocer, me dijo que me lo regalaba. Me vendría bien. Se me notaba en la cara. Me pareció inoportuna su intromisión; mientras mis manos se deslizaban por las tapas suaves del libro y seguían con cautela las letras negras de la portada. De todos modos fingí la mayor de las alegrías al recibir un regalo inesperado. Él tan solo me pidió a cambio que una vez terminara de leerlo le diera mi opinión. Sacó una tarjeta del bolsillo y la metió entre las páginas del libro, a modo de separador.
Lo haré -le dije. Cuando encuentre un hueco en mi apretada agenda.
Él sonrió.
Lo harás pronto -contestó. Dicen que este es uno de esos libros que una vez que se empieza no se quiere soltar.
Volví a mirar el libro.
Es bueno saberlo -sonreí.
Más que en el libro, estaba pensando en cómo corresponder al individuo desconocido que me hacía el regalo y que a la larga terminé dándome cuenta de que cualquier parecido con la realidad no era mera coincidencia, o eso fue lo que supe una vez digerido el texto. A cambio, antes de que se fuera, le regalé un bolígrafo de dos colores: rojo y negro, que él aceptó agradecido. Y me fuí en dirección al metro con mis carpetas y el libro de Storytelling.
En el metro abrí el libro por la página donde estaba la tarjeta del señor de la maleta gris y leí lo siguiente:
"... unos días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la prensa internacional se hizo eco de una reunión entre altos responsables del ministerio norteamericano de Defensa y numerosos guionistas y realizadores de Hollywood. Entre ellos, John Milius (el coguionista de Apocalypse Now), Steven E. de Souza (el guionista de Jungla de cristal) y, más sorprendente, Randal Kleiser (el realizador de la comedia musical Grease)... Las conclusiones de este grupo de reflexión nunca han sido hechas públicas, pero la prensa retomó la tesis oficial según la cual esta reunión tenía por objetivo pedir a los guionistas de Hollywood que imaginaran posibles tramas de un futuro ataque terrorista y las las respuestas que se podrían aportar.
... Paradógicamente, es un novelista, Don DeLillo en quien ha recaído la tarea de reconstruir esta ilusión. Como había hecho con la empresa de ficción, ha descrito la sociedad norteamericana como un universo saturado de ficciones, hechizado y quijotesco, en el sentido de que se prefiere la ficción a lo real y donde sus héroes más famosos (Kennedy, Hoover, Nixon, Sinatra, Marilyn, Oswald...) se comportan como personajes de ficción.
... La reunión de los oficiales del Ministerio de Defensa y los guionistas de Hollywood se inscribía en la atmósfera irreal, sobrecargada de ficciones y de intoxicaciones que siguió al atentado del 11 de septiembre de 2001. No tuvo lugar en unos locales del Pentágono, sino en el Institute of Creative Technologies en Los Ángeles. El hombre que tuvo la iniciativa de esta reunión no es otro que Karl Rove, el arquitecto de la "estrategia de Sherezade", el que iba a presidir la reconfiguración del mundo tras el 11 de septiembre, difundir sus ficciones, ocuparse de esos misterios en suspenso y de esas coincidencias que hacen las cosas reales: el hombre de una nueva política transficcional, el storytelling de guerra. Lo que los terroristas habían destruído, los arquitectos d ela estrategia de Sherezade sabrían reconstruirlo proponiendo una contranarración."
Nada más terminar de leerlo decidí escribir al señor de la maleta gris. Su nombre venía en la tarjeta de visita: Christian Salmon, para mi sorpresa el autor del libro. Le escribí a la dirección de correo electrónico la siguiente nota: Gracias, un libro necesario, sorprendente y bien documentado. ¿Usted cree que debería ir a trabajar a Hollywood?
Hoy he encontrado su respuesta en mi bandeja de entradas: No se preocupe, su trabajo no ha hecho más que empezar. Ya no es necesario Hollywood ni los asesores políticos americanos para ficcionar la nueva realidad, aunque ellos tengan un poco más de experiencia. C. S.
Y en mi último e-mail escrito hace tan solo unos minutos, le decía: Gracias por sus consejos. Me iré a Hollywood y crearé mi ficción alternativa fuera de la realidad.
Su respuesta acaba de llegar: ¿Se refiere a la contranarración? De no ser así... Dudo que lo consiga, pero le deseo toda la suerte del mundo. C. S.
Cierro las tapas del libro y miro la contraportada antes de colocarlo en la estantería en la sección de releer: "Uno de los méritos del Storytelling de Christian Salmon es esclarecer el sentido de las historias que nos cuentan y arrojar luz sobre un gran malentendido: nosotros no construimos las historias, o mejor, no somos autores de su sentido: este viene dado y muy acotado para que no lo forcemos ni cambiemos". Miguel Roig, el prologuista de Storytelling en su edición en español y Director Creativo Ejecutivo de Saatchi & Saatchi.
Salmon, Christian. Storytelling. La máquina de fábricar historias y formatear las mentes. Península. 2008.

lunes, 24 de noviembre de 2008

SAKE: LA ARMONÍA ENTRE DOS SABORES

Los sueños que se trasladan a la ficción, la ficción que se convierte en realidad y la realidad que se crea con la ficción… El vapor del sake emana entre la sonrisa que se dibuja en mi cara contemplando la imagen con la que llevo años soñando: unos pechos erguidos, bajo mi sujetador apretado. Estoy radiante. Encantado de sentirme apresado por gomas que aprietan mi pecho tendente al esparcimiento; de haberlo comprado por internet en Rakute; de estar dentro de los top ten compradores; de pasarme dos horas contestando en Mixi a los detractores del invento tan necesario y de haber ido con él a la fiesta privada que organizaba la embajada americana en Roppongi Hills para celebrar la victoria de Obama.
Al principio del acto el embajador me siguió con la mirada hasta que me acerqué a su lado. Me dijo que me veía fantástico. Estoy estupendo. Soy un hombre nuevo -contesté. Me dio dos palmadas en el hombro y me pidió una reunión en privado para el jueves siguiente. Gracias a mí se firmó en enero del 2007 el acuerdo entre Visa y Nokia para pagar con el móvil. Ultimamente la cosa se estaba complicando y había presiones de varias empresas financieras y de telefonía tras el cambio de gobierno en Estados Unidos, y yo esperaba con ganas el momento de los acuerdos para ganarme mi sueldo como el mejor negociador de la ciudad. Él tenía otros compromisos que atender y sonrisas que fingir mientras yo, un héroe de guerra reconocido en exclusivos grupos sociales, tomaba Junmai –sake de arroz puro y de cuyo preparado consigue un balance perfecto entre dulzura y sequedad (amakuchi y karakuchi)- junto con una geisha y una azafata robot que tenía un repertorio limitado. A pesar de todo su tono cadencioso me gustaba. Fue a ellas a las que conté mi sueño secreto: Siempre quise saber qué se siente llevando un sujetador a tu medida. Los de mamá que me había probado de pequeño no me sentaban nada bien. Pero ahora con un pecho prominente, podía sentirme por fin realizado. La geisha, que a su vez contó que ella está cansada de sodomizar a sus clientes, me felicitó por el hallazgo y porque gracias al mismo ella conseguiría hacer felices a unos cuantos. Imagino que al mismo embajador que la miraba obnubilado con ganas de terminar el protocolo. La azafata robot simplemente respondió en un inglés perfecto: Muchas gracias señor. ¿Quiere un poco de sake? Miré mi vaso vacío. Ya no quería más sake, ni más fiesta, ni más palmadas en el hombro. Quería sentirme realizado con mis ataduras, las que yo eligiera, no las de los demás. Me fui a la francesa aprovechando el inicio del discurso del embajador junto a su mujer mientras algunos fotógrafos buscaban la falsa imagen de una realidad, una imagen falsamente agradable. El frío me golpeó con insolencia al salir del calor político. La calle y los coches. El asfalto mojado y brillante. Paré un taxi y me acurruqué en la parte de atrás. El taxista era mayor y parecía aburrido de la vida. Los neones tokiotas llamando la atención de mis ojos dormidos y yo apresado y cómodo dentro de mi sujetador rosa. Tenía ganas de llegar a casa.
Llego con una sonrisa sobrecogedora. Mi mujer es médica y ya hace años que tiene horario nocturno. Yo negocio y bebo sake mientras el espíritu de mi madre se sienta a mi lado y me dice: Hijo, pues mira que te sienta bien ese sujetador. Lo se, madre.
Estoy encantado de saber que no voy a negociar nada. Que dejo el trabajo en manos de otro sin sujetador. Que a partir de hoy me voy a dedicar solo a lo que me gusta. Y que aunque crean que haciendo realidad mis sueños me van a mantener como un esclavo de su sistema, ya acabo de negociar conmigo que no. Que con el pecho oprimido uno ya se vale consigo mismo para ahogarse. Y que mi madre ya se puede ir a dar una vuelta pues ya puedo poner la mesa solo, cocinar, planchar y limpiar con el aspirador. Cuando llegue mi mujer verá la cena encima de la mesa. La casa perfecta. Cenaremos, le ataré las muñecas con mi sujetador y luego, por primera vez en tres años, haremos el amor sobre el tatami.


lunes, 10 de noviembre de 2008

SANKAI JUKU Y USHIO AMAGATSU

Quedo con Chema de la Peña para ver a Sankai Juku. Después de la performance nos cuenta el sensei Ushio Amagatsu, el coreógrafo de Sankai Juku y amigo de mi madre, que el Butoh es una forma contemporánea de danza japonesa que surge como consecuencia de la pérdida de identidad japonesa tras la Segunda Guerra Mundial. Nace en 1959 con raíces en el expresionismo alemán, el surrealismo y el dadaísmo. Y lo narra con sus ojos brillantes, apasionado por la danza a la que llevan dedicando más de 40 años de su vida.

La imágenes de algunos sobrevivientes del holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki, en 1945, que caminaban desorientados, con sus cuerpos destrozados, los ojos reventados y la piel cayendo a tiras provocaron una reacción de repulsión y asco en la sociedad civil superviviente. De ahí deriva el Butoh, la danza de la la oscuridad, la danza expresiva que denuncia el miedo y el horror.




El en Butoh el cuerpo habla dentro del vacío, la sutilidad y la fuerza despliegan armonía de movimientos creando atmósferas inquietantes. Los sonidos y la música acompañan para profundizar en las emociones soterradas, que afloran y producen goce visual. El cuerpo que es el arma se pinta de blanco para hablar de la desnudez, las extemidades se contorsionan, las facciones expresan muecas de dolor; la pasión es el arte, la expresividad atajada con maestría. Cada bailarín propone su imagen de la belleza dentro de la deformidad. La atmósfera que se crea provoca alarma.

"Los intérpretes de Butoh incluso parece que enfatizan la espalda redonda, el cuello de toro, las piernas arqueadas tan típicos del físico japonés. Además de estas peculiaridades del cuerpo oriental, algunas obras como las de Kazuo Ohno reúnen como aspectos complementarios de la misma entidad una sensibilidad delicada y la fealdas grotesca de la tercera edad" Kazuko Kuniyoshi.




Los dos grandes fundadores del Butoh, Kazuo Ohno (1906) y Tatsumi Hijikata (1928-1986) pensaban que su arte tenía el propósito de recorbrar el cuerpo primigenio "el cuerpo que nos ha sido robado". Hijikata escandalizó con la presentación de su obra Kinjiki (Colores Prohibidos) en 1959 a la comunidad artística nipona mostrando ojos desorbitados, penes metálicos, travestismo y una expresividad corporal atroz nunca vista anteriormente. El culto al feísmo y la denuncia social.



Ohno ha creado un taller e impartido clases durante los últimos año en Japón. Les dice a sus alumnos "si quieren comprender sus propios cuerpos deben aprender a caminar bajo el mar, en el lecho marino. Conviértanse en polvo de polilla. Todas las huellas del universo se encuentran en las alas de una polilla. Yo aprendí Butoh en el viente materno. De hecho, todas las formas de danza provienen de esa misma fuente". Otro de los talleres más populares es el de Sankai Juku, creado por el bailarín y coreógrafo Ushio Amagatsu, que acaban de reprensentar Hibiki (Ecos del más allá) en el Festival de Otoño de Madrid. En su nueva obra presentada de gira por Europa Amagatsu sueña "un paisaje donde los bailarines contienen sus movimientos sin tocarse, reteniendo una luminosa y poética belleza". El minimalismo de la escenografía, el agua, la tierra y la sangre, el sonido terrible y profundo, la melancolía, la vida, el amor, la muerte. Todo está contenido dentro del cuerpo en tensión, todo estalla a los sentidos cuando te dejas llevar por las luces y el movimiento. Es lo que Amagatsu llama "danza de la intuición".







Amagatsu pertenece a la segunda generación de bailarines de Butoh y funda la compañía Sankai Juku en 1975, exclusivamente masculina. En 1980 la compañía fue invitada a Europa, primero a Francia, donde sensei Amagatsu conoce a mi madre, y luego Europa y Latinoamérica donde ella les acompaña. Mientras yo, en esa época y lejos de ellos, bailo butoh en el vientre de mi mamá, ya que por lo visto, según los maestros, es ahí donde se aprende.

martes, 4 de noviembre de 2008

TONTOS Vs VICIOSOS


La televisión sube en tiempos de crisis. El consumo de alcohol, cigarrillos y marihuana baja. Eso es lo que dicen los últimos estudios del comportamiento sociológico. Lo cierto es que crisis de por medio o no, he dejado de fumar y de beber. No me ha quedado más remedio después de tener los huevos de corbata tras un ataque de un virus maligno que me ha alertado sobre la futilidad de la vida. Visto lo visto, lo poco que me quede de existencia, que no sea con resaca y alitosis... ¿Ein?
Veo que los restaurantes caros siguen estando completos y los baratos se vacían. Si no hay partidos de fútbol los bares se quedan desnudos -aquí se da la fabulosa sintonía entre la tontería y el vicio-, con un simple camarero haciendo tiempo para cerrar. Invierno, frío, gripes y crisis son síntomas de que los vicios de costo directo bajen y la caja tonta suba. Pero mi pregunta es: ¿significa esto que nos volveremos todavía más imbéciles, puesto que la mayoría de los contenidos televisivos son infumables, pero a su vez estaremos más sanos? ¿Se puede pasar el gasto que se va a ahorrar en sanidad, a medio plazo, para la compra de buenos contenidos televisivos? ¿Cuánto ganan, cuanto fuman y cuanto beben los compradores de contenidos? ¿Y los espectadores antes, durante y después de tragárselos? Relación directa o no, exceptuando la publicidad política en forma de documental o programa informativo, el resto, los programas y la ficción nacionales suelen ser una especie de café descafeinado con leche entera, duros de digerir y que te permiten dormir con cierta facilidad. Si la televisión sube en tiempos de crisis significa que se invertirá más publicidad para que el espectador consuma más (hace tiempo se prohibió la publicidad de tabaco y la de alcohol donde se muestre a alguien directamente bebiendo). Eso se traduce en mayores ganancias para el medio. Y curiosamente este medio ha decidido bajar los sueldos del proletariado televisivo con la excusa de la crisis. Así que desde la televisión se pretende que la gente consuma más ideas políticas y más productos absurdos que no representen vicio supérfluo ni gasto estatal, y que a su vez los trabajadores del medio no puedan consumir lo mismo que antes y trabajen más horas ¿Alguien entiende algo? Tras este análisis, y a pesar de la posibilidad de la muerte cercana, la mía y la de lo que me rodea, uno se cuestiona si prefiere ser un jodido vicioso, con alitosis incluida, antes que un tonto de mierda, con la cabeza hueca. Aunque a estas alturas, tal y como se plantean las relaciones sociales, ¿acaso importa?
Para amplicar el tema aconsejo el relato El último fumador de YASUTAKA TSUTSUI, dentro del libro de relatos Hombres Salmonela en el Planeta Porno. Atalanta. 2008.

lunes, 3 de noviembre de 2008

FIEBRE DE LOS ENAMORADOS

Ya sabes que el hospital no es un buen sitio para pasar un domingo, aunque te acompañen buenos amigos y terminéis riéndoos por las esquinas, con tu manera carecterística de reirte de todo lo cotidiano, mientras los que esperan su turno os miran mal. A mí tampoco me gusta, no te creas. Pero se que tú, en el fondo, le estás cogiendo cariño a eso de ir a urgencias, pasar allí unas horas, esperar tu turno y que te digan algo así como: "posiblemente tienes la enfermedad del beso".
¿La enfermedad del beso? O sea, que a partir de ahora tienes que pensar en todas aquellas personas que te han besado últimamente, o lo que es peor, las personas a las que tú has besado y posiblemente les hayas transmitido la dichosa fiebre de los enamorados.
- No -te dice la doctora-, tampoco es eso. La mononucleosis o enfermedad del beso no se contagia solo a través de la saliva, puede ser compartiendo una bebida o estando muy cerca de algún portador, o por una transfusión de sangre...
Te tocas el cuello. Dos bultos han convetido tu cuello en el de Terminator, y después de verle en todos los periódicos sonriendo cínicamente junto con McCain, te da que pensar que no parece nada normal. Ni tu cuello ni los suyos. Sientes los ganglios inflamados, dolor de cabeza y de oídos. Si yo tuviera esa enfermedad me cuidaría mucho de acercarme a la gente. La inflamación de los ganglios de todo el cuerpo, del hígado y del bazo -que puede llegar a explotar-, las manchas rojizas por el cuerpo y la fiebre no resultan muy alentadores.
La doctora te dice que no puede hacer un análisis exhaustivo y que debes ir a otro hospital donde te harán análisis de sangre y el test de Epstein Barr, para ver si realmente padeces y portas mononucleosis infecciosa. Cuentas a toda la gente que posiblemente has infectado: a John, a Layla, a Marylin, a Ryu, a Melvin, a Vincent, a Roger, a Lilith, a Robert, a Lucas y alguno que te dejas por el camino. Bien pensado no son tantos pero si ellos a su vez besan a otros tantos la enfermedad del beso se extendería como el sida en África y los bazos se convertirían en minas antipersonas dentro del mismo cuerpo. Menos mal que yo no he sufrido esa maldita fiebre. Menuda gracia...
Cuando llegas al hospital la cabeza te duele más. Tu hipocondria te lleva a pensar que no solo vas a morir en breve, en manos de tu propio bazo, sino que tu amor va a matar a unos cuantos, una especie de estallido en cadena. Y allí, mientras lo imaginas, escuchas gritos de moribudos, ves mujeres en silencio esperando el momento de su adiós, gays quejicas que no paran de dar alaridos porque les duele una pierna, hombres con lumbago porque han llevado a espaldas a sus hijos, niños con dolor de estómago porque se han dado un atracón de gominolas... Allí ves tu sangre entrar en una jeringuilla. Allí esperas a que te den el veredicto mientras piensas todas las salivas que han entrado en tu boca, todas las bocas que han recibido tu saliva: bastantes. Todas las transfusiones de sangre que te han hecho: ninguna.
El médico te dice que has dado negativo. Lo que tienes no se sabe qué es. Y tú te preguntas si es mejor o peor saber que portas o no la fiebre de los enamorados, o saber o no qué es lo que realmente tienes. Sea lo que fuere sabes que has estado siete horas entre médicos y enfermos, escuchando historias y viendo la muerte de cerca, la tuya y la de los demás, sabiendo que ellos, los médicos de urgencias, se pasan los días con pacientes como tú, luchando por dar respuestas y resolver problemas, a veces, sin poder hacerlo.
Yo que tú no besaría a nadie, así, a la ligera. Aunque yo se que a tí te encantan los besos, los de verdad, los que se dan con el corazón y con esos labios que echas menos. Yo que tú dejaría de ir a los hospitales. Así seguro que ninguno de los dos perderíamos el tiempo. Por cierto, un beso de despedida, querido, pero a distancia, que así no nos pegamos nada.

miércoles, 29 de octubre de 2008

NOISE STORY

Abro la puerta. Hay un tipo dentro sentado en medio del cuarto con un cascabel colgando del cuello. Está desnudo, igual que el lugar. Me mira fijamente. Su cascabel suena acompañando al tema de Fuck Buttons, Sweet Love For Planet Earth.



El gato de Lisa se cuela por la puerta y se acerca al hombre. Le lame los pelos de las piernas sugiriendo movimientos que acompañan la música. El hombre se ríe. Siente placer, perdido en el nuevo mundo que se le brinda. Acaricia al gato. Entorno la puerta y camino por el pasillo. Todavía escucho la música y el cascabel cuando el cartero llega silbando. Me da una carta con remite de Joe The Plummer.
- No conozco a Joe.
- Es para tí.
- No conozco a Joe.
El cartero se aleja con su silbido por el corredor y me deja ahí en medio, sin saber qué hacer con la carta de Joe. Boom, boom, boom. Observo el sobre. Portishead. Bang, bang. Viene a mi nombre: Ryu Nakayama. No estoy tan seguro de ser Ryu pero en el sello de mi anillo es lo que pone. El cascabel, Fuck Buttons, noise, electro imagination, dimension, resurectionBoom, boom, boom. Abro el sobre y leo la nota que viene dentro.
- Dale de comer al gato y viste a Obama, mi amigo del cascabel.
¿Obama? Llamo a la puerta de Lisa y sale con una copa de vino, riéndose, enseñándome su dentadura torcida. Sex Automata, de Ex Models tapa el sonido de Fuck Buttons.




- Ryu, ¿quieres divertirte con mis amigas?
Sex Automata, sex automata, sex automata…
- No. Quiero saber las medidas de Obama. Tengo que comprar ropa y vestirle, pero había pensado que podías hacerlo tú. A cambio cuidaré a tu gato.
- No es mi gato. Es de Joe. Respecto a Obama, será mejor que te olvides de él. No merece la pena.
- Pero Joe The Plummer ha dicho…
- Joe siempre dice, pero no hace nada. Olvídate de él, y de su gato, y de su amigo.
De la puerta contigua sale el gato de Joe con el cascabel en el cuello. Camina lentamente dejando que el sonido me invada. Nos observa desganado y se aleja dando saltitos. Detrás sale Obama, desnudo, sin cascabel. Lisa se empieza a reír. Se acerca a él y le besa.
- Me gusta más desnudo, Ryu. Será mejor que no hagas nada por él.
Sex Automata...
- Pero Joe ha dicho…
- Joe? Who the f**k is Joe? Nadie conoce a Joe. Toma tus propias decisiones y no te creas los cuentos de los demás. Joe no es más que un personaje que sirve para hacer campaña política. Fíjate en Obama, está más guapo desnudo.
- Pero Joe ha dicho…
- Ryu, eres un pesado. No tienes personalidad. Vete a la mierda.
Lisa coge de la mano a Obama y tira de él. Le mete en su casa. Las chicas de la fiesta gritan admiradas. La puerta se cierra. Todo se queda en silencio por un momento. Yo me quedo ahí, sin saber muy bien qué hacer, qué puerta abrir, hacia donde dirigirme. La carta de Joe The Plummer sigue en mi mano. Vuelvo a leer la nota. Solo que ahora hay algo muy diferente escrito con letra de niño pequeño y tinta negra:
- No te olvides de comprar We Were Dead Before the Ship Even Sank de Modest Mouse.
Viene a mi cabeza Dashboard. “Well, it would´ve been, could´ve been worse than you would ever know. Oh, the dashboard melted, but we still have the radio. Oh, it should´ve been, could´ve been worse than you would ever know. Well, you told me about nowhere. Well, it sounds like someplace I´d like to go…” Fuera el silencio, dentro palabras, palabras, palabras.



Entro en la tercera puerta, en mi casa, un portátil en el suelo sobre una alfombra blanca. Al lado mi ipod negro. Paredes blancas. The Mark on the Wall de Virginia Woolf, boca arriba, abierto por una página. Leo en silencio: “I wish I could hit upon a pleasant track of thought, a track indirectly reflecting credit upon myself, for those are the pleasantest thoughts, and very frequent even in the minds of modest mouse-coloured people, who believer genuinely that they dislike to hear their own praises”. Sigo tarareando la canción de Modest Mouse. Me pongo los auriculares del ipod. Suena Dashboard: See it wasn’t quite as bad as. Oh, it would´ve been, could´ve been worse than you would ever know”. Joe Plummer, el percusionista de Modest Mouse deja de tocar. Me levanto y tiro la carta a la papelera plateada. La tapa cae inundando de un sonido metálico mi espacio.

martes, 28 de octubre de 2008

ED´S GUIDES (SEX & METAL)



LIBROS PARA LEER I




SINOPSIS:
Una pareja abandona la ciudad para rehacer su vida en una casa construida a espaldas de un viejo bosque. Apenas instalados en ella, la mujer es asaltada en un sueño por la imagen de una invasión de ardillas. Intentan tomar la casa. En el sueño, Bambú, el perro de la pareja, las enfrenta y se pierde tras ellas en la espesura. Al día siguiente Bambú ha desaparecido. Desde ese momento, en las pesadillas de la mujer los roedores seguirán acechando la casa con creciente violencia en cada ocasión, como una horda de inquietantes emisarios del bosque.
Así comienza
Como una historia de terror, el relato que da título al último libro de Jon Bilbao. Una colección de cuentos en los que los personajes, en permanente huida, tratan de zafarse de unos monstruos que tal vez sean ellos mismos. Con una prosa transparente y precisa y un impecable pulso narrativo, Jon Bilbao nos asoma a las amenazas que a menudo esconde lo cotidiano.

viernes, 24 de octubre de 2008

PANTALLAS LUMINOSAS

Vas a un concierto de un tipo que desde que inició su carrera musical tenía a las groupies esperando a la puerta de su camerino. Su bajista salía a elegir la carnaza que esperaba, contenta y caliente, de ser un cuerpo de una noche para unos que sudan en el escenario, salen en las revistas y se cuecen para celebrar el final del paripé. Aunque para ellos el paripé sigue en versión me follo lo que quiero. La nenas me esperan, tengo cientos y más deseando mi cuerpo, el que robé a Jim Morrison y con el que profetizo en las tierras de habla hispana. Una puesta en escena sencilla pero animada, rojos y ocres, negros y plateados. La luz. La luz se hace en el escenario. A las groupies se le mojan la bragas y a las ya casadas, las que lo fueron hace años, se les pone una sonrisa de papel en la cara mientras aprietan la mano del ya marido como diciendo:
- ¿Te acuerdas de cuándo hacíamos el amor en el coche y le escuchábamos?
Y el marido ni contesta. Es posible que ese tipo de voz codiciosa y poética, de seductor y mesiánico, casi que impostada y aprehendida durante su trayectoria en los escenarios, se la haya jugado pero bien. Ni lo sabe. Ni le importa. ¿Y si su mujer hubiera hecho el amor con él pensando en el cantante del aura móvil? Qué más le da, dos hijos, un coche, una casa... Y vámonos pronto del concierto que mañana se labora. Por suerte tú no estás casada, aunque muchos opinen lo contrario.
Ya no tienes 23, aunque en nuestro tiempo la edad no se decide en el pasaporte. No fuiste groupie, ni antes ni ahora. Aunque algunos podrían nombrarte tres situaciones vergonzantes. Pero eso duró lo que dura saber que todo es de cartón piedra, tan falso como los políticos en plena campaña electoral. Ya no vas a un concierto donde el gas de los mecheros se enciende dando calor y apoyo a los músicos. A vista casi de pájaro es un espectáculo luminoso, una lluvia de estrellas para el corazón, un llama de esperanza que no dice más que
- Joder, me estoy quemando el dedo.
Ahora los conciertos son cyber, como tu vida, como tus bragas, como tus excrementos. Los políticos, los ecologistas, los siniestros y los curas. La llama del mechero ya no existe. En su lugar se han implantado cientos de luces azules y blancas, haces luminosos que salen de una pantalla de un móvil, una pantalla de una cámara fotográfica, una pantalla del presente. Esa lluvia de estrellas para el corazón ahora es una nube de luz fría, una luz animada que ilumina el cotarro de la oscuridad de las groupies treintañeras y sus parejas. El espectáculo es siniestro. Parece bonito. No lo es. Más de 70 vídeos, más de 1000 fotos, más de 200 montajes coparán la red hablando de ese concierto. Ese u otros, qué más da. Serán muchos puntos de vista, pero en el fondo, uno solo. La sociedad limitada, creyéndose con el poder de compartir y enseñar, cuando lo único que hacen es inundar de vacío una realidad incompetente para un progreso seguro. ¿Será que tú no eras groupie y tu percepción del mundo está equivocada? ¿Será que ni llama ni pantalla?
Sales del concierto después de hablar con varios: casados y solteros. Y algunos opinan lo mismo que tú. Solo que tú no creas opinión pues no te recreas en la falsa realidad para publicitarla con tu orgullo del pertenecer. Menos mal que no tenías novio con coche, menos mal que no fuiste groupie, menos mal que no das botes en los conciertos sosos, sabes que se te terminarían cayéndo las tetas, luego querrías operarte y luego le mandarías fotos al tipo del concierto, al que te follaste con 17, y le escribirás lo siguiente:
- Tengo 35 años, dos hijos estupendos, un marido que me quiere y me entiende, pero desde que te escuché con 15, no puedo vivir sin tí. He abandonado a mis hijos y a mi marido, he ido a todos tus conciertos, y de tanto bailar en ellos mis pechos se derritieron. Ahora que tengo suficiente plata me los he operado. Me han quedado preciosos, tal y como tú me decías que eran aquella noche que me elegiste entre 12 chicas que esperaban a tu puerta. Me lo dijiste después de tres copas de whisky y dos rayas... Y te aseguro que es la frase más bonita que nadie me ha dicho jamás. Ahora quiero volver a verte pues se que tú te acuerdas de mí.
Menos mal que en su lugar te fuiste a casa a leer Storytelling y Red Colored Elegy.

martes, 21 de octubre de 2008

VINCENT



Leo un síntoma de tristeza en su mirada, esa que acallan los creen entender lo secretos de la existencia. Tiene los ojos verdes, de un esmeralda intenso, y permanece con la vista fija en un punto fuera de la habitación, probablemente en las mismas antípodas de su ser. Es frágil. Lo sabe. Todos se vuelven frágiles con la muerte. Luego sonríe, sin perder ni un atisbo de congoja ni cinismo -curiosa mezcla tratándose de una extranjera que no encuentra el lugar. No pertenece, ni siquiera aunque pague impuestos. Emocionalmente no está aquí. Vaga, por llamarlo de alguna manera, entre asfalto y ladrillo, cristal y latón, plástico y poliuretano, siempre contemplando una imagen fuera de la realidad, lejana e inasible, pero precisamente por eso reiterativa y atroz.

Ella, en secreto, está enamorada de Vincent el samoano. Él, que ni siquiera la conoce, lee una biografía de Malietoa Tanu. Los bombardeos de Apia en 1899 finalizaron con los acuerdos de la división de las islas entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania. Vincent se busca en el libro. Su abuelo fue un dirigente del movimiento Mau, que reclamaba la independencia de Samoa. No encuentra su nombre. Su mano fibrosa pasa página del viejo ejemplar. Con el movimiento corta la luz de una bombilla amarillenta. La lámpara de aluminio vibra. El viento bate fuera y mueve la puerta de madera de la choza.

Un cuento en manos de una niña, las que recorren los caminos de la Cenicienta. La carroza. Finalmente su pie desnudo color carne. La niña tiene los ojos de Vincent y en ellos su amiga diminuta salta a la comba y grita.
- Al pasar a barca, me dijo el barquero…
La niña mira al horizonte y deja caer el libro. Se levanta y canta con su amiga.
- Las niñas bonitas no pagan dinero. Yo no soy bonita ni lo quiero ser…
Las dos niñas se ríen.

La mujer sale a calle empedrada. Sus tacones de aguja pisan fuerte hasta que ella posa la mirada en una rata. Es igual que Firmin. La tristeza se sume por las alcantarillas. Dentro del cuerpo huesudo, tapado con un abrigo de paño rojo, encuentra su lugar y se sienta cómodamente a leer. Ella también lee en los ojos de la rata que hasta lo más pequeño tiene sentido. Cogerá ese vuelo y hará ese viaje que le lleve a las Islas del Pacífico. En el avión comerá un menú envasado y leerá dos revistas plagadas de publicidad. La rata se esconde bajo unos escombros. Ella continúa. Hay muchas obras y nunca terminan. La ciudad está inundada de boquetes. La gente camina sometida a sus fortunios y sus economías. Ella contonea sus huesos focalizando la mirada en un anuncio de una agencia de viajes. Samoa, vuelo más hotel desde 1.500 euros. La tristeza se cansa de leer y decide echarse a dormir. Es cuando ella puede pensar con más claridad, cuando aprovecha para volver al mundo en el que vive y aparentar normalidad en la representación social. Definitivamente, piensa, no se le ha perdido nada en Samoa.

La niña ya no está triste. Entre publicidad o juego prefiere lo segundo. Le gusta el sonido de la comba al rozar el suelo, al subir, al descender. Zas, zas, zas.
- tome usted los cuartos y a pasarlo bien.
Su amiga se sienta. Ojea el cuento de la Cenicienta. La niña desaparece dentro de su juego. La comba en movimiento. El lugar, vacío.

Vincent pasea por la playa con las palmeras acariciándole los músculos tatuados. Se estremece al contacto con la brisa como un querubín que se acaricia con sus alas. Se sube a una roca y mira al mar con los brazos abiertos. Grita, reta al viento. Sus sentidos encuentran su lugar. Sabe que no quiere salir de Fiji. Sabe que seguirá los pasos de su abuelo. Sabe que no quiere conocer a la niña que lleva sus ojos.




lunes, 13 de octubre de 2008

TAP


¿El futuro del libro está en el TAP "Tirada A Pedido"? Apareció en el mercado en el 2004 de la mano del editor Jason Epstein: un dispositivo conocido como Espresso Book Machine, una impresora del tamaño de una fotocopiadora y capaz de imprimir y encuadernar un libro a bajo coste. Hoy ya hay varias editoriales por internet que utilizan este sistema, además de unas cuantas universidades de todo el mundo que han digitalizado sus títulos.
La impresora Espresso Book Machine, que tiene 3 metros de largo y 1,5 de profundidad, es capaz de imprimir, cortar y encuadernar libros en rústica con cubierta en 4 colores, a una velocidad de 40 páginas por minuto. En menos de 10 minutos se puede obtener un libro encuadernado con cubierta en cuatro colores, por un precio de 10 $.
Algunos editores creen que el futuro de la edición tiende hacia ese camino, editar pocos ejemplares, libros a la carta. Hoy en día las imprentas tradicionales no lo permiten por sus sistemas de tiradas. Esto, unido a la desaparición poco a poco de las librerías de barrio, nos dejarán en manos de las grandes superficies que ya llevan un tiempo creando sus propias marcas blancas culturales (libros y discos) y sus propios catálogos. Pondrán en el escaparate a sus acólitos y todo lo que esté fuera de ahí dejará de existir. Todavía me resisto a pensar que algún nuevo Kafka morirá sin ser publicado debido a la avaricia y la poca sensibilidad del sistema. Pensemos nuevos métodos que no sean tan draconianos y solo den de comer a unos pocos.

Es necesario que el pensamiento y la creación, cuanto más amplio el abanico mejor, por lo menos, llegue.